miércoles, 2 de noviembre de 2016

DÍA DE LOS FIELES DIFUNTOS


I
  Recuerde el alma dormida,
avive el seso e despierte
  contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
  tan callando;
  cuán presto se va el plazer,
cómo, después de acordado,
  da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiere tiempo passado
  fue mejor.

               II

  Pues si vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
  e acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo non venido
  por passado.
  Non se engañe nadi, no,
pensando que ha de durar
  lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de passar
  por tal manera.

                    III

  Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
  qu'es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
  e consumir;
  allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
  e más chicos,
allegados, son iguales
los que viven por sus manos
  e los ricos.

            INVOCACIÓN

                    IV

  Dexo las invocaciones
de los famosos poetas
  y oradores;
non curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
  sus sabores.
  Aquél sólo m'encomiendo,
Aquél sólo invoco yo
  de verdad,
que en este mundo viviendo,
el mundo non conoció
  su deidad.

                    V

  Este mundo es el camino
para el otro, qu'es morada
  sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
  sin errar.
  Partimos cuando nascemos,
andamos mientra vivimos,
  e llegamos
al tiempo que feneçemos;
assí que cuando morimos,
  descansamos.

                    VI

  Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
  como debemos,
porque, segund nuestra fe,
es para ganar aquél
  que atendemos.
  Aun aquel fijo de Dios
para sobirnos al cielo
  descendió
a nescer acá entre nos,
y a vivir en este suelo
  do murió.

                    VII

  Si fuesse en nuestro poder
hazer la cara hermosa
  corporal,
como podemos hazer
el alma tan glorïosa
  angelical,
  ¡qué diligencia tan viva
toviéramos toda hora
  e tan presta,
en componer la cativa,
dexándonos la señora
  descompuesta!

                    VIII

  Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
  y corremos,
que, en este mundo traidor,
aun primero que muramos
  las perdemos.
  Dellas deshaze la edad,
dellas casos desastrados
  que acaeçen,
dellas, por su calidad,
en los más altos estados
  desfallescen.

                    IX

  Dezidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
  de la cara,
la color e la blancura,
cuando viene la vejez,
  ¿cuál se para?
  Las mañas e ligereza
e la fuerça corporal
  de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega el arrabal
  de senectud.

                    X

  Pues la sangre de los godos,
y el linaje e la nobleza
  tan crescida,
¡por cuántas vías e modos
se pierde su grand alteza
  en esta vida!
  Unos, por poco valer,
por cuán baxos e abatidos
  que los tienen;
otros que, por non tener,
con oficios non debidos
  se mantienen.

                    XI

  Los estados e riqueza,
que nos dexen a deshora
  ¿quién lo duda?,
non les pidamos firmeza.
pues que son d'una señora;
  que se muda,
  que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
  presurosa,
la cual non puede ser una
ni estar estable ni queda
  en una cosa.

                    XII

  Pero digo c'acompañen
e lleguen fasta la fuessa
  con su dueño:
por esso non nos engañen,
pues se va la vida apriessa
  como sueño,
e los deleites d'acá
son, en que nos deleitamos,
  temporales,
e los tormentos d'allá,
que por ellos esperamos,
  eternales.

                    XIII

  Los plazeres e dulçores
desta vida trabajada
  que tenemos,
non son sino corredores,
e la muerte, la çelada
  en que caemos.
  Non mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
  sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta
  no hay lugar.

                    XIV

  Esos reyes poderosos
que vemos por escripturas
  ya passadas
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
  trastornadas;
  assí, que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
  e perlados,
assí los trata la muerte
como a los pobres pastores
  de ganados.

                    XV

  Dexemos a los troyanos,
que sus males non los vimos,
  ni sus glorias;
dexemos a los romanos,
aunque oímos e leímos
  sus hestorias;
  non curemos de saber
lo d'aquel siglo passado
  qué fue d'ello;
vengamos a lo d'ayer,
que también es olvidado
  como aquello.

                    XVI

  ¿Qué se hizo el rey don Joan?
Los infantes d'Aragón
  ¿qué se hizieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invinción
  como truxeron?
  ¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
  de las eras,
las justas e los torneos,
paramentos, bordaduras
  e çimeras?

                    XVII

  ¿Qué se hizieron las damas,
sus tocados e vestidos,
  sus olores?
¿Qué se hizieron las llamas
de los fuegos encendidos
  d'amadores?
  ¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
  que tañían?
¿Qué se hizo aquel dançar,
aquellas ropas chapadas
  que traían?

                    XVIII

  Pues el otro, su heredero
don Anrique, ¡qué poderes
  alcançaba!
¡Cuánd blando, cuánd halaguero
el mundo con sus plazeres
  se le daba!
  Mas verás cuánd enemigo,
cuánd contrario, cuánd cruel
  se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuánd poco duró con él
  lo que le dio!

                    XIX

  Las dávidas desmedidas,
los edeficios reales
  llenos d'oro,
las vaxillas tan fabridas
los enriques e reales
  del tesoro,
  los jaezes, los caballos
de sus gentes e atavíos
  tan sobrados
¿dónde iremos a buscallos?;
¿qué fueron sino rocíos
  de los prados?

                    XX

  Pues su hermano el innocente
qu'en su vida sucesor
  se llamó
¡qué corte tan excellente
tuvo, e cuánto grand señor
  le siguió!
  Mas, como fuesse mortal,
metióle la Muerte luego
  en su fragua.
¡Oh jüicio divinal!,
cuando más ardía el fuego,
  echaste agua.

                    XXI

  Pues aquel grand Condestable,
maestre que conoscimos
  tan privado,
non cumple que dél se hable,
mas sólo como lo vimos
  degollado.
  Sus infinitos tesoros,
sus villas e sus lugares,
  su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?,
¿qué fueron sino pesares
  al dexar?

                    XXII

  E los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
  como reyes,
c'a los grandes e medianos
truxieron tan sojuzgados
  a sus leyes;
  aquella prosperidad
qu'en tan alto fue subida
  y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
  fue amatada?

                    XXIII

  Tantos duques excelentes,
tantos marqueses e condes
  e varones
como vimos tan potentes,
dí, Muerte, ¿dó los escondes,
  e traspones?
  E las sus claras hazañas
que hizieron en las guerras
  y en las pazes,
cuando tú, cruda, t'ensañas,
con tu fuerça, las atierras
  e desfazes.

                    XXIV

  Las huestes inumerables,
los pendones, estandartes
  e banderas,
los castillos impugnables,
los muros e balüartes
  e barreras,
  la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
  ¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo passas de claro
  con tu flecha.

                    XXV

  Aquel de buenos abrigo,
amado, por virtuoso,
  de la gente,
el maestre don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
  e tan valiente;
sus hechos grandes e claros
non cumple que los alabe,
  pues los vieron;
ni los quiero hazer caros,
pues qu'el mundo todo sabe
  cuáles fueron.

                    XXVI

  Amigo de sus amigos,
¡qué señor para criados
  e parientes!
¡Qué enemigo d'enemigos!
¡Qué maestro d'esforçados
  e valientes!
  ¡Qué seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
  ¡Qué razón!
¡Qué benino a los sujetos!
¡A los bravos e dañosos,
  qué león!

                    XXVII

  En ventura, Octavïano;
Julio César en vencer
  e batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
  e trabajar;
  en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
  con alegría;
en su braço, Aureliano;
Marco Atilio en la verdad
  que prometía.

                    XXVIII

  Antoño Pío en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad
  del semblante;
Adriano en la elocuencia;
Teodosio en humanidad
  e buen talante.
  Aurelio Alexandre fue
en desciplina e rigor
  de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el grand amor
  de su tierra.

                    XXIX

  Non dexó grandes tesoros,
ni alcançó muchas riquezas
  ni vaxillas;
mas fizo guerra a los moros
ganando sus fortalezas
  e sus villas;
  y en las lides que venció,
cuántos moros e cavallos
  se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas e los vasallos
  que le dieron.

                    XXX

  Pues por su honra y estado,
en otros tiempos passados
  ¿cómo s'hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos e criados
  se sostuvo.
  Después que fechos famosos
fizo en esta misma guerra
  que hazía,
fizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra
  que tenía.

                    XXXI

  Estas sus viejas hestorias
que con su braço pintó
  en joventud,
con otras nuevas victorias
agora las renovó
  en senectud.
  Por su gran habilidad,
por méritos e ancianía
  bien gastada,
alcançó la dignidad
de la grand Caballería
  dell Espada.

                    XXXII

  E sus villas e sus tierras,
ocupadas de tiranos
  las halló;
mas por çercos e por guerras
e por fuerça de sus manos
  las cobró.
  Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
  fue servido,
dígalo el de Portogal,
y, en Castilla, quien siguió
  su partido.

                    XXXIII

  Después de puesta la vida
tantas vezes por su ley
  al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
  verdadero;
  después de tanta hazaña
a que non puede bastar
  cuenta cierta,
en la su villa d'Ocaña
vino la Muerte a llamar
  a su puerta,

                    XXXIV

  diziendo: "Buen caballero,
dexad el mundo engañoso
  e su halago;
vuestro corazón d'azero
muestre su esfuerço famoso
  en este trago;
  e pues de vida e salud
fezistes tan poca cuenta
  por la fama;
esfuércese la virtud
para sofrir esta afruenta
  que vos llama."

                    XXXV

  "Non se vos haga tan amarga
la batalla temerosa
  qu'esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama glorïosa
  acá dexáis.
  Aunqu'esta vida d'honor
tampoco no es eternal
  ni verdadera;
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal,
  peresçedera."

                    XXXVI

  "El vivir qu'es perdurable
non se gana con estados
  mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados
  infernales;
  mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
  e con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos e aflicciones
  contra moros."

                    XXXVII

  "E pues vos, claro varón,
tanta sangre derramastes
  de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganastes
  por las manos;
e con esta confiança
e con la fe tan entera
  que tenéis,
partid con buena esperança,
qu'estotra vida tercera
  ganaréis."

[Responde el Maestre:]

                    XXXVIII

  "Non tengamos tiempo ya
en esta vida mesquina
  por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
  para todo;
  e consiento en mi morir
con voluntad plazentera,
  clara e pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
  es locura."

[Del maestre a Jesús]

                    XXXIX

  "Tú que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil
  e baxo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
  como es el hombre;
tú, que tan grandes tormentos
sofriste sin resistencia
  en tu persona,
non por mis merescimientos,
mas por tu sola clemencia
  me perdona".


                    XL

  Assí, con tal entender,
todos sentidos humanos
  conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos e hermanos
  e criados,
  dio el alma a quien gela dio
(el cual la ponga en el cielo
  en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dexónos harto consuelo

  su memoria.

martes, 1 de noviembre de 2016

A TODOS LOS SANTOS



Profetas que rasgásteis inspirados
del porvenir el velo misterioso,
al que sacó la luz de las tinieblas,
rogad por nosotros.

Almas cándidas, Santos Inocentes
que aumentáis de los ángeles el coro,
al que llamó a los niños a su lado,
rogad por nosotros.

Apóstoles que echasteis en el mundo
de la Iglesia el cimiento poderoso,
al que es de la verdad depositario
rogad por nosotros.

Mártires que ganásteis vuestra palma
en la arena del circo, en sangre rojo,
al que os dio fortaleza en los combates,
rogad por nosotros.

Vírgenes semejantes a azucenas
que el verano vistió de nieve y oro,
al que es fuente de vida y hermosura,
rogad por nosotros.

Monjes que de la vida en el combate
pedísteis paz al claustro silencioso,
al que es iris de calma en las tormentas,
rogad por nosotros.

Doctores cuyas palmas nos legaron
de virtud y saber rico tesoro,
al que es raudal de ciencia inextinguible,
rogad por nosotros.

Soldados del ejército de Cristo,
Santas y Santos todos,
rogad que perdone nuestras culpas
a Aquel que vive y reina entre vosotros.

Amén.
Gustavo Adolfo Béquer

martes, 25 de octubre de 2016

¿CULTURA O CONTRACULTURA? (A propósito de Carmina Burana)




“El arte moderno posee una gran aptitud para representar al demonio
y al hombre poseso por el demonio,
una muy escasa para figurar al hombre grande y humano,
ninguna para la representación del santo y del hombre de Dios.”

(Seldmayr, El arte descentrado, 1959)




         Propaganda por demás resonada y rimbombante es la que ha tenido la inauguración del Teatro del Bicentenario en la provincia de San Juan el pasado 21 de octubre. Cuánto no se venía diciendo sobre la promisoria ceremonia. Un gran despliegue escénico y actoral fue el que se puso en marcha en el exterior del teatro frente a miles de personas. Proyecciones de imágenes realmente imponentes en la fachada de la construcción recién terminada. Hasta una marioneta gigante cobró vida y se levantó del suelo por obra del ritmo que interpretaba un grupo de percusionistas, mal llamados “murgueros”, cada uno con un bombo de tipo santiagueño.
         Hasta allí, nos guste o no lo que se hizo, se trataba de una inauguración más. Sin embargo, las opiniones y críticas las tuvo la obra que culminaría la celebración y que se realizaría -ahora sí- en el nuevo escenario. En efecto, circuló por las redes sociales y por whatsapp una advertencia sobre lo que ocurriría. Allí se manifestaba que durante el ensayo general del día anterior, algunos músicos locales se sintieron “angustiados y heridos al ver la proyección de imágenes satánicas, llena de símbolos masónicos que desafortunadamente quedarán impresas en muchas almas”. También se ponía la voz de alerta sobre la aparición de mujeres desnudas y la proyección de una imagen ensangrentada de un sacerdote que se arranca el corazón.
         Todavía más elocuente resultó la carta de un músico que fue compartida también a través de las redes. El violonchelista Eugenio Rodrigo, quien firma la epístola, se manifiesta en ella “con profundo dolor” al haber participado del acto de inauguración. Comienza evocando las palabras del mismo Jesucristo: “Señor, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Sus palabras son muy claras y explican la causa de su angustia:

         (…) el primer espectáculo que se elige para darle vida a este teatro fue una cantata escénica del siglo XX compuesta por Carl Orff, llamada Carmina Burana. Son poemas que realzan los placeres terrenales, mejor dicho los pecados capitales, con una crítica satírica a los estamentos sociales y eclesiásticos. Y si a esto le agregamos la compañía catalana “La Fura dels Baus”, autodefinida en su página web[1] como excéntrica y transgresora, quienes se enorgullecen de poder unir y adaptar carnalidad y misticismo, grosería y sofisticación, primitivismo y tecnología, da como resultado lo que presenciamos esta noche, que según mi formación y creencias religiosas fue un rito satánico, una consagración de una obra pública al demonio y una grave ofensa a Dios. De más está decir que como católico formado pude percibir con claridad la presencia de mensajes subliminales e imágenes puramente demoníacas y a su vez denigrantes hacia la mujer, mostrándola como objeto de placer.
         Sin querer entrar en más detalles, manifiesto que para bien de mi alma, por amor a mi Dios  y para no seguir participando de este grave acto de agravio, es que decido salirme del elenco y no participar en ninguna de las próximas funciones aunque esto repercuta en mi condición laboral. Sé que Él, que me lo da todo, no me abandonará.”

         Los distintos medios describían sin reticencias el modo en que sucedía aquello de las “jóvenes doncellas que retozan en la primavera” y del tanque “donde una cuasi desnuda fémina de excelente apnea se contornea sensualmente bajo el agua; líquido que luego será el vino salpicado por el bravo solista, rodeado de monjes”[2]. Bien parece, entonces, que los protagonistas de esta decadencia sabían muy bien lo que hacían, tal como lo muestra toda la Compañía de La Fura dels Baus. A su vez tenían conocimiento de lo que iban a presenciar, las autoridades políticas e incluso eclesiásticas que allí se encontraban y de quienes no escuchamos queja alguna. No en vano señalaba hace unos años Gerardo Palacios Hardy que con el pretexto del Arte y muchas veces sin pretexto alguno, se ha abatido sobre la Argentina una ola pornográfica que no da tregua y que, para colmo, lleva en algunos casos el patrocinio oficial[3].
         No es la primera vez que esta empresa realiza espectáculos de la misma laya. Entre otras de sus obras representadas se encuentra la “Norma” de Bellini, para el Convent Garden de Londres, cuyo protagonismo lo tienen una sacerdotisa, los druidas y romanos, los misterios del bosque y la aparición de 1200 cruces con su crucificado. Tampoco faltan en esta obra los sacerdotes, monaguillos y demás. La justificación a esto la otorgaría la idea de que “es una mezcla de religiones”, por lo que no debería haber ofendidos.
         Carmina Burana, la obra en cuestión, resulta ser una colección de cantos goliardos del S. XII y XIII reunidos en manuscritos y escritos en latín. Se trata de una poesía profana que satiriza su entorno –la Cristiandad-, y parodia la majestad y belleza de los himnos eclesiásticos. Al parecer, estos escritos fueron encontrados en 1803 por Johann Christoph von Aretin en una abadía de Baviera y se conservan actualmente en la Biblioteca Estatal en Munich. Carl Orff fue quien compuso su música y realizó la adaptación de los poemas al teatro entre 1935 y 1936, estrenándose finalmente en junio de 1937 en Fráncfort del Meno. Aunque, claro está, nadie advirtió que tanto su estreno como sus distintas interpretaciones se realizaron durante el régimen nazi. El mismo Orff, en tiempo de posguerra, temía perder los derechos de autor de la obra debido a la “desnazificación” del momento. Por el contrario, en San Juan la obra no sólo fue trasmitida por los medios televisivos, sino que fue reprogramada para dos fechas extra debido a la gran demanda de público y al éxito de la venta de entradas.
         Pese a ello debemos centrar nuestra reflexión y atención en la enorme paradoja que todo este suceso presenta. Por un lado hablamos de la inauguración de un teatro, lo cual supondría una proyección cultural y artística. Pero sucede que para ello se empleó todo tipo de elemento carente de contenido verdaderamente cultural. Ya que entendemos el término “cultura” en su sentido más acabado: la expresión del cultivo tanto interior, como también trascendente al resto de las creaturas; alcanzando su expresión máxima al acercarse y orientarse a Dios mediante una relación cultual. Lo que llamamos cultura, entonces, se ha tornado en una contracultura. Estamos expuestos a una subversión de los valores y paradigmas de las Bellas Artes. El concepto de Belleza entendida como el esplendor de las formas, o el splendor Veri (esplendor de la Verdad) en el decir de San Agustín, ha mutado al destronamiento de la misma para dar lugar a un culto por la fealdad, el desorden y el caos. Es este un acto Revolucionario con mayúsculas dado que tiene en sus entrañas el odium fidei y el odium Ecclesiae que tanto pregona la Revolución Mundial Anticristiana. En definitiva, no es otra cosa que el non serviam de Lucifer. Dicho esto resulta insignificante preguntarse si es esto realmente arte.


         Se aplica aquí aquél pensamiento de Nietzsche según el cual el arte debe ser una expresión de lo dionisíaco y lo mostrenco, una representación de la desmesura, el desequilibrio, la “copa que rebosa”. Precisamente el arte de Dionisos “descansa en el juego con la embriaguez, con el éxtasis”, y contiene en sí el “instinto primaveral y la bebida narcótica”[4]. Según el autor alemán para que exista arte es indispensable la ebriedad y que ésta “haya incrementado primero la excitabilidad de toda la máquina”. Sin esto no hay arte. Y agrega que todas las modalidades de ebriedad son lícitas, “sobre todo la ebriedad de la excitación sexual, que es la forma más antigua y primigenia”[5]. Se cumple cual profecía lo que escribió al comienzo de su Nietzsche contra Wagner hablando de una “música sin porvenir” aludiendo precisamente a la música clásica, ordenada, proporcionada, medio de la Belleza, nacida de una cultura católica destinada a la destrucción:

         “(…) Nuestra recientísima música, aun cuando domine y tenga sed de dominación, tiene solamente ante sí un breve espacio de tiempo, porque nace de una cultura cuyo terreno va rápidamente en declive, de una cultura que dentro de poco será sepultada. Cierto catolicismo del sentimiento y un gusto por ciertas creaciones o determinados nacionalismos, son las premisas de aquella música.”

         Lo que el público en general desconoce o muchas veces no entiende, quizás por ser víctima de esta contracultura de inspiración gramsciana, es que el Arte Moderno se ha vuelto “hereje”, no solamente contra la religión, sino contra la razón y la naturaleza misma. Esto lo explica claramente el Padre Leonardo Castellani al tratar sobre Arte y Belleza[6], diciendo al mismo tiempo que este tipo de obras blasfema contra el Creador porque pretende descrear; busca la fealdad, lo inarmónico, lo disonante, lo antirracional, lo imposible, incluso lo monstruoso. “Hoy el arte –dice el sacerdote- blasfema contra el Padre, cuando presa de extraño furor intenta demoler las formas naturales, y proyectar del fondo del alma lo deforme; e incluso blasfema contra el Espíritu Santo cuando pretende encerrar en la poesía o en la plástica la desesperación o la negación satánica; cuando usa los mágicos instrumentos de la expresión para aniquilar en los pechos no solamente la religión, más aún, la esperanza natural, el equilibrio, el entendimiento y la cordura. Signo de nuestro tiempo, el arte caótico y degenerado no hace más que expresar en sus extravíos a la época atea convulsa, y en justo castigo, es herido de esterilidad. No se puede ya hablar solamente de inmoralidad o corrupción; directamente, degeneración”. Si hubo ruptura entre la Fe y la Razón, también la hubo entre Arte y Moral.
         Cuánto más podríamos decir de la generalidad del teatro actual, en el que los desnudos, las blasfemias e irreverencias van de la mano y sin embargo se consumen sin escándalo alguno. Ni hablar del espectáculo que ofrecen diariamente las pantallas, anestesiando y adormeciendo las conciencias al tiempo que se exacerban hasta el extremo las bajas pasiones. Grave enfermedad la nuestra.
         Sin más, deberíamos procurar que nuestros escenarios y teatros se cubran de la Perfecta Armonías, que se impregnen de buen gusto y provoquen un placer estético al modo auténtico: dirigiéndose principalmente a nuestro intelecto y, ordenadamente, a la sensibilidad. En definitiva que respondan a la llamada que el Papa Juan Pablo II realiza a los artistas de la palabra escrita y oral, del teatro y de la música, de las artes plásticas y de las más modernas tecnologías de la comunicación, para redescubrir la profundidad de la dimensión espiritual y religiosa que ha caracterizado el arte en todos los tiempos, en sus más nobles formas expresivas[7].
         Sólo la belleza salvará al mundo, sentenció Dostoievski. Y sólo mediante la vía de la belleza, la vía pulchritudinis, se podrá ascender a la Belleza increada. A no vacilar -exhortaba Marechal- en la defensa, enunciación o elogio de la Verdad, el Bien y la Hermosura. Son tres nombres divinos que trascienden al mundo. No traicionarlos debería ser nuestro mejor arte y la mayor fidelidad.


Eduardo Peralta.
San Juan 25 de octubre de 2016.





[1] www.lafura.com Véase también sobre esta compañía, La cobardía moral de la Fura dels Baus, del 12 de septiembre, 2016 en: http://www.forumlibertas.com/la-cobardia-moral-la-fura-dels-baus/
[3] Gerardo Palacios Hardy, Arte - Moral - Cultura, en Cursos de Cultura Católica, “Fe y Cultura”, Vol IV, UCA, 1986, p. 156.
[4] Cfr. Friedrich Nietzsche, La Visión dionisíaca del mundo,  Trad. A. Sánchez Pascual, Alianza Editorial.
[5] Friedrich Nietzsche, El crepúsculo de los ídolos, trad. José M. Sierra, 2da ed., EDAF, Madrid, 2006.
[6] P. Leonardo Castellani, “El Arte de las Parábolas”, apéndice de “Doce Parábolas Cimarronas”, Itinerarium, Bs. As., 1960, p. 156-173.
[7] Carta del Santo Padre a los Artistas del 4 de abril de 1999, n. 14.