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jueves, 17 de mayo de 2018

DE PAÑUELOS VERDES Y CELESTES: algo más que un trozo de tela

(Por Eduardo Peralta)



De pañuelos Verdes y Celestes
(Algo más que un trozo de tela) 


“Contrarrevolución no es hacer
la revolución en sentido contrario,
sino hacer lo contrario de la Revolución”

(Joseph de Maistre)

        El tema del aborto va  y viene. Pañuelazos, corpiñazos, disturbios, pintadas, manifestaciones violentas, por un lado. Por otro, marchas, timbreos, twitazos, suelta de globos, rezos, etc. A la hora de defender la vida se han puesto en juego distintas metodologías y medios para dar un mensaje y lograr que se rechace la aprobación del proyecto de ley. Algunos de ellos son legítimos, otros discutibles, otros más o menos visibles, más o menos efectivos, más o menos populares, más o menos logrados, más o menos erróneos. Sí, erróneos.
            El debate está instalado en las redes sociales. Y precisamente mirando esas mismas redes nos anoticiamos que en la tarde del pasado 15 de mayo se presentó ante el Congreso de la Nación el “pañuelo celeste contra la legalización del aborto”[1], hecho que nos llamó profundamente la atención ya que no pensamos que llegaría tan lejos una idea que habíamos escuchado reiteradas veces y a la cual nos hemos opuesto por distintos motivos. La iniciativa fue llevada a cabo por la ONG “Más Vida”[2], organización a la cual reconocemos y agradecemos numerosas tareas provida dignas de encomio e imitación –hay que decirlo–, pero que con esta acción parece estar borrando con el codo, o más bien con el pañuelo, lo que ha escrito anteriormente con la mano.
            El director de la organización, Raúl Magnasco, expresó ante los medios que “se espera que esta sea la insignia que identifique a los grupos provida”. De este modo, el mentado pañuelo contrastaría con el color verde de la prenda que utilizan las organizaciones abortistas. Sin embargo el pañuelo celeste no es una novedad, sino que “tiene su origen en 2001, cuando a un grupo de mujeres involucradas en el aspecto social de la Nación, decidieron unirse en apoyo a la lucha de las Madres de Plaza de Mayo, de los desocupados y demás población vulnerable”[3].
            Sabemos muy bien que al hablar de símbolos no nos referimos a cosas menores. Todo lo contrario. Mucho más si se habla de cuestiones significativas y trascendentes como la vida humana en su constante condición de amenaza, en este caso por el crimen abominable del aborto. Nos resulta totalmente desacertado, entonces, que se utilice para la defensa de tales valores un elemento tan endeble y contraproducente. Y esto por cuatro motivos fundamentales:
            En primer lugar porque no se trata de un juego. No somos equipos de fútbol. Los medios de comunicación así lo han mostrado al equiparar y al haber puesto luciendo sus pañuelos a las mujeres que defienden una u otra postura, una al lado de la otra. El mismo Raúl Magnasco ha dicho “cuando empiece el mundial, es muy probable que no haya más pañuelos verdes ni celestes”.
            En segundo lugar, porque con tal actitud estamos equiparándonos, rebajándonos y poniéndonos al mismo nivel que todo el lobby feminista y abortista. Ya es suficiente con que a veces se pretenda que hagamos caso omiso de algunas cuestiones que nos diferencian entre nosotros, unas menos accidentales que otras, como para tener que bajarnos a portar un pañuelo, lo cual no es signo de gallardía ni entereza, sino de barbarie. Hemos visto que esos mismos pañuelos verdes son utilizados para cubrir los rostros -mas no los pechos- de quienes cometen actos vandálicos y sacrílegos.
            En tercer lugar, proponer tal iniciativa es una muestra de falta de creatividad y sagacidad: como si no sobraran metodologías, medios y recursos para transmitir el mensaje de la defensa del inocente. En justificación del pañuelo añade Magnasco: “optamos por el celeste por su parecido con los colores patrios y está relacionado con nuestra identidad”. A lo cual bien podríamos responder que si hay un elemento que muestra consonancia con nuestra identidad, ese es el símbolo de la Bandera Nacional, que es celeste y blanco no por mero capricho, sino por deliberada intención de su mentor que le puso los colores del manto de la Inmaculada. Pero, claro, olvidemos la bandera ya que mejor es un pañuelo. Y añade Raúl que “en última instancia no importa un color o un atuendo”.
            Hay algo aquí que no cierra: ¿se opta por el color celeste por el parecido con el símbolo patrio y luego se afirma que no importa ni el color ni el atuendo? Eso, amigos, es falta de sagacidad. Pero también es falta de creatividad afirmar: “tampoco tuvimos tiempo de hacer mucho más, así que van a ser muy sencillos”, “cada uno decide si usarlo día a día”, “algunos lo llevan colgando de su mochila o de la cartera en el caso de las mujeres”.[4] Pasamos de tener un símbolo a lucir un accesorio de vestuario.
            En cuarto lugar el pañuelo es rechazable porque al aceptarlo estamos adoptando y utilizando las mismas estrategias que el enemigo, cayendo así en la desdichada dialéctica que tanto proclaman y que tanto pregonan estos grupos de izquierda. Se hace lo que ellos quieren. Es lo que esperaban: que nos rebajemos, que confrontemos en su idioma, dialécticamente, sin el uso de la razón, superficialmente, con colores y trapos.
            Como resumen de estos cuatro motivos podemos agregar lo que reza la cita del comienzo, que viene a ser justamente la razón fundamental por la que nos oponemos al pañuelo del color que fuere. En efecto, Joseph de Maistre, uno de los grandes pensadores que se opuso a la revuelta de 1789 en Francia, tuvo la lucidez y sagacidad para advertir que “contrarrevolución no es hacer la revolución en sentido contrario, sino hacer lo contrario de la revolución”. Por consiguiente, mientras las hordas feministas se quitan sus harapos descubriendo su cuerpo, nosotros lo debemos cubrir velando lo que debe ser protegido con recato y pudor. Al tiempo de que la contranatura, la cultura de la muerte y el hedonismo se imponen radicalmente en las costumbres, nuestro deber es proteger la familia, defender la vida y promover el amor verdadero. Mientras la masa vandálica destruye monumentos y pretende incendiar templos o comete toda clase de sacrilegios, nosotros deberíamos doblar las rodillas en adoración, imitando la conducta de los santos, y honrar la memoria de los héroes, sin temer hacer justicia frente a los ataques propinados contra ellos.
            No olvidemos que la causa principal por la que los grupos abortistas utilizan un pañuelo y otras simbologías, no es precisamente por amor al color de la esperanza o por convicción o moda, sino por el rechazo profundo que sienten contra los símbolos patrios y contra todo orden o jerarquía. ¿Vieron alguna vez en sus manifestaciones alguna bandera nacional? Para ellos no hay religión pero tampoco patrias. Tampoco hay familias. Por otra parte es un hecho que las divisiones y diferencias internas que hay entre estas organizaciones no son menores, aunque están unidas por algo que las engloba, llamado contracultura o cultura de la muerte.
            En estos días, cuando leíamos algunas notas y escritos para reafirmar algunas verdades y conocer otras tantas sobre terrenos como el Derecho o la Bioética, nos topamos nuevamente con un artículo de divulgación de hace algunos años y que lleva un título sugestivo para lo que tratamos en la presente nota. Es de Antonio Caponnetto y se titula Buenas Causas, Mal Defendidas[5], escrito justamente a propósito de la campaña contra el aborto. Allí se describe y denuncia desvaríos similares a los presentes y aún mayores. Pero no podemos dejar de traer a cuento tres cosas que allí se mencionan. Primero, aquello de Charles Maurras: “la Revolución verdadera no es la Revolución en la calle, es la manera de pensar revolucionaria”. Quizás hoy agregaría a la frase “y la manera de vestir”. No sólo si hablamos como ellos, también si vestimos como ellos, terminaremos siendo como ellos. Segundo: aquello de Donoso Cortés (“detrás de toda cuestión política hay una cuestión religiosa”). Y es que esto se busca omitir y hacer callar, no sólo por aquellos de quienes esperamos tal actitud, sino por los que se dicen de nuestras filas. “La causa por la vida –afirma la organización MásVida en su sitio oficial–, no reconoce un origen identificado con principios religiosos, partidarios, de sexo, raza o nacionalidad”. Lo cual es entendible, es una ONG, no la comisión Pro-templo. Pero aún así, no podemos aceptar que se nos diga que hay que hacer foco “únicamente en lo que nos importa a todos: salvar del aborto a las personas por nacer”, como dice un autor del sitio[6]. Porque no hemos nacido simplemente para vivir, sino para morir algún día y así vivir de la Vida con mayúsculas, gozando de la visión del que nos crió. Y es ese el principal motivo por el que deseamos que esos niños nazcan: para que renazcan con el agua bautismal. Es un acierto decir que a menudo la “v” es muy corta[7]. Por último, lo tercero, nos hacemos eco de las siguientes palabras, y lo hacemos a la par que colaboramos activamente en muchas de las actividades provida que se están llevando a cabo:
            “…ocurre que los organizadores y promotores más salientes de las genéricamente llamadas marchas pro vida, no dejan confusión por perpetrar. Son personas bien intencionadas, honestas, laboriosas, quizás algunos hasta de conducta santa. Celebramos sus talentos y esfuerzos, que no son pocos. Subrayamos también sus virtudes. Pero la miopía doctrinal en la que se encuentran les juega una mala pasada.”[8]
            Otros tantos desaciertos han debido colarse por algunas rendijas en el gran abanico de la lucha provida. Por ejemplo, el consabido lugar común del demonio del nazismo, sumado al grueso error histórico de los números que se repiten. Por eso la organización no vacila en aclarar que su fin es “lograr objetivos fundados en los Derechos Humanos”, que “los nazis asesinaron aproximadamente 6 millones de judíos” y que “cuando se trata de proyectos controvertidos de baja aceptación, generalmente se genera el impulso legislativo y luego se intenta convencer a la población que es lo mejor (el exterminio de judíos en la Alemania nazi es el mejor ejemplo), para luego alcanzar ciertas ‘mayorías’”. De las víctimas del comunismo, no hay rastros. Otrosí se diga de las palabras de Ayelén Alancay, vicepresidenta de MásVida, quien luciendo el pañuelo celeste ha brindado numerosas entrevistas a los medios, utilizando contra los argumentos abortistas un recurso valiosísimo, contundente y real: la vida del hijo que lleva en su vientre. Sin embargo, en el programa de TV “Hoy nos toca a la tarde”, expresó: “me parece muy bueno que se dé el debate”, mientras la militante feminista a su lado, luciendo el pañuelo verde, con esa respuesta ya ganaba toda discusión. ¿Acaso la vida de su hijo merece ser debatida?
            El lenguaje, la vestimenta, los símbolos, los conceptos, no son cosas menores. Tenemos muy en claro lo que es el uso de un color como recurso válido de uniformidad o distinción. Sabemos la diferencia entre una marcha y una caravana y el efecto distinto que puede tener cada una. Pero también sabemos lo que significa nuestra Bandera Nacional, conocemos bien nuestra identidad como argentinos y sabemos que peor que matar a un inocente es que el que lo haga sea el mismo progenitor. Somos conscientes de que en esta lucha hay que ser prudentes y astutos, pero no podemos confundir eso anulando la condición de creaturas. Hemos aprendido que más que “vivir” es “vivir para”, “vivir hacia”. Por eso nos preguntamos con Magnasco: “¿Por qué no llamamos a las cosas por su nombre?”[9]. No podemos contentarnos con salvar las dos vidas de la muerte del cuerpo. Es preciso hacer algo por la salvación de su alma. Lo mismo sucede con esta Patria desmembrada. Para salvarla –cosa que no depende de nosotros–, hay que dejar de machacarnos con un voluntarismo irremediable y darse finalmente con el mazo, pero rodilla en tierra, a ver si esa gracia se nos concede.
            Nos queda una pregunta y cuestión sin resolver: ¿para cuándo el pañuelazo?

            ¡Viva Cristo Rey!
            Eduardo Peralta
San Juan, 17 de mayo de 2018.



[5] En revista Cabildo, 3ra época, Año XII, N° 93, pp. 10-12.
[6]Ezequiel Aníbal Martínez, Sobre feminismo, religión y aborto… y un mensaje de unión. Cfr. www.masvidaoficial.org/sobre-feminismo-religion-y-aborto-y-un-mensaje-de-union/
[7] P. Diego de Jesús, Cuando la ve es muy corta. Cfr. www.caminante-wanderer.blogspot.com.ar/2018/03/?m=0
[8] Antonio Caponnetto, art. cit., p. 10.
[9] Raúl Magnasco, ¿Por qué no llamamos a las cosas por su nombre?. Cfr. www.masvidaoficial.org/por-que-no-llamamos-a-las-cosas-por-su-nombre/

lunes, 12 de marzo de 2018

ABORTO, EXCOMUNIÓN E INFIERNO

          

     En estos días, minuto a minuto, en nuestra Argentina secuestrada por las logias mundialistas, la ideología de género y la desfachatez de sus gobernantes y de sus supuestos opositores, se suceden las carreras para ver quién es más abortista. A punto de desencadenar un legalizado baño de sangre, que solo podrá impedirse por una directa intervención sobrenatural, la inmensa mayoría de los políticos únicamente se muestran interesados en mostrarse bien de avanzada, bien progresistas, bien modernos.  ¿Sabrán que el aborto es un abominable crimen, como bien lo definiera la Iglesia en el Concilio Vaticano II (Gaudium et spes, 51)…?. ¿Sabrán cómo se llama a quienes procuran un crimen?

        Especialmente patético en este escenario es el presidente Mauricio Macri. Que pasó de decir que, en lo personal, está a favor de la vida pero que habilitaba el debate a sostener, directamente, que no vetará la ley si se logra su aprobación en el Congreso. Híbrida versión de Herodes y Pilatos de siglo XXI; dispuesto a garantizar vía libre al filicidio. Desde la más alta autoridad del país se terminará por decretar el fin de los derechos humanos en la Argentina. Si el niño por nacer podrá ser matado por su propia madre, ¿qué podrá impedir que nos matemos entre nosotros mismos, invocando el derecho a decidir sobre la vida de los demás?

            Macri, aunque no se sabe hacer la señal de la Cruz, se declara católico; y estudió en un colegio católico y en una universidad católica. Es mi deber como cura, entonces, recordarle sus obligaciones como tal. No hago política; hago lo que debo hacer como sacerdote. Y como mi única candidatura es al Cielo y no a ningún puestito ni a mesas de diálogo con quienes no quieren ni oír ni dialogar – lo que, por otra parte, está fuera de toda discusión -, me remito a recordarle a Él las enseñanzas del Evangelio y del Catecismo de la Iglesia Católica.

        Podrá, más de uno, tildarme de ingenuo; habida cuenta de que el presidente, en vez de apelar a la Biblia y al Magisterio bimilenario de la Iglesia, recurre a armonizadores espirituales budistas o a bien pagados brujos y gurúes de la así llamada posverdad. Y que es inútil buscar convencer a quienes solo rinden culto a la diosa Consenso o a las tiránicas y circunstanciales mayorías. No me interesa lo que diga la opinión pública, sino lo que me pueda decir el Señor en el día del Juicio (Mt 25, 31 – 46).

        Deben saber el señor Macri y todos los políticos que procuren el aborto que la Biblia manda, expresamente, “no matar” (Ex 20, 13). Y que el asesinato del inocente clama al Cielo (Gn 4, 10 – 11). Y que “el homicidio voluntario de un inocente es gravemente contrario a la dignidad del ser humano, a la regla de oro y a la santidad del Creador. La Ley que lo proscribe posee una validez universal: obliga a todos y a cada uno, siempre y en todas partes” (Catecismo de la Iglesia Católica 2261).

        Deben saber el señor Macri y todos los políticos que procuren el aborto que la Iglesia prevé su excomunión automática (Catecismo de la Iglesia Católica, 2272). Y que, por lo tanto, no podrán comulgar y acceder a los demás sacramentos; en tanto y en cuanto no se retracten y pidan públicamente perdón y realicen la correspondiente confesión sacramental. Y que si llegan a comulgar sin haberlo hecho cometerán un sacrilegio y estarán tragando su propia condenación (1 Cor 11, 19).

        Deben saber el señor Macri y todos los políticos que procuren el aborto que los católicos creemos en lo que viene tras nuestra muerte: el juicio, el Cielo o el infierno. Y que a este último van los que mueren en pecado mortal y en enemistad con Dios. Y ese es un estado definitivo; del que no se sale con votaciones, ni con dinero, ni con presiones de las Naciones Unidas…

        Deben saber el señor Macri y todos los políticos que procuren el aborto que una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como lo demuestra la historia. Y que esa alianza entre democracia y relativismo ético quita a la convivencia civil cualquier punto seguro de referencia moral (San Juan Pablo II, Centesimus annus, 46).

        Deberíamos preguntarnos, también, en tren de autocrítica, los católicos argentinos, qué hemos hecho para llegar a estos niveles de decadencia nacional. ¿Qué dirigencia ha salido de nuestros colegios y universidades católicos? ¿Quién nos convenció de que es obligatorio elegir siempre el presunto mal menor? ¿En qué capítulo del Evangelio y de la teología moral se  nos manda elegir entre males y no entre bienes?

            San Juan Pablo II Magno, a quien tanto extrañamos, nos enseñó que “una fe que no se hace cultura es una fe no plenamente acogida, no totalmente pensada, no fielmente vivida” (16 de enero de 1982). Evidentemente esto es lo que ha ocurrido en estas periferias australes…

        ¿Lograremos ser, algún día, un país auténticamente católico; liberado de la oligarquía mundialista, masónica y atea? Solo Dios puede saberlo… En nosotros está dar la batalla en todos los frentes posibles. Partiendo, claro está, de esta durísima e inexcusable realidad. Y teniendo el coraje de ser héroes y santos; o sea, en todo sentido, políticamente incorrectos…


+ Padre Christian VIÑA

lunes, 19 de febrero de 2018

DIFUNTA CORREA: LA PURA VERDAD


“La gente no vacila en tragarse
cualquier opinión no comprobada
sobre cualquier cosa...
Y esto lleva el nombre de superstición…”

(G. K. Chesterton)


Mito y leyenda.

         Mucho se ha dicho en los últimos días sobre la renombrada Difunta Correa, de cuya existencia poco se sabe realmente o, mejor dicho, nada. Sin embargo es preciso recordar algunas verdades al respecto, dado que está muy en boga por ser la temática de la Fiesta Nacional del Sol 2018 (“Difunta Correa: Amor de Madre”); y hasta reunió a un centenar de músicos para el lanzamiento de un CD: “Gracias Deolinda”, del cual ya se lanzaron algunos videoclips.
         En primer lugar hay que decir que lo de la difunta Deolinda Correa es una leyenda, un mito. Hay que decirlo, aunque pueda traer algunas complicaciones, como le sucedió a la misma conductora de la Fiesta y panelista del programa farandulero Intrusos, Mina Bonino, quien recibió las críticas oportunas del caso al haberse referido a la Difunta como una “leyenda”. Posteriormente, tuvo que explicar su postura y entre contradicciones, rectificarse[1].
         Por si todavía hay quienes no conocen el mito que tiene mil versiones, se lo resumimos brevemente. Se trata de una mujer, Deolinda Correa (el relato más antiguo la nombra Dalinda Antonia Correa), cuyo esposo Clemente Bustos (también Esculapio o Brian Nahuel Bustos), habría sido un arriero en tiempos de Unitarios y Federales, resultando reclutado forzosamente a las montoneras de La Rioja. Por querer reunirse con su marido en dicha provincia tomó a su hijo, todavía lactante, y salió a su encuentro siguiendo las huellas de la tropa llevando pocas provisiones de agua y comida. El duro desierto sanjuanino hizo que el agua se agotara pronto y la mujer comenzara a deshidratarse ya agotada y hambrienta de tanto caminar. Resguardándose bajo un algarrobo dejó a su hijo junto a su pecho y murió por las condiciones en las que se encontraba. Al día siguiente unos arrieros encontraron su cuerpo y al niño todavía vivo prendido a los pechos de su madre. La historia se habría difundido y los paisanos comenzaron a allegarse a lo que sería su tumba, donde luego se construyó un oratorio devenido en santuario. El primer “milagro”, luego de la supervivencia del hijo, habría sido el de reunir nuevamente al ganado de un arriero, quien luego de que la invocara le concedió su deseo.
         Hasta allí lo que narra la historia y leyenda popular que ha sufrido miles de variantes dado que la gente va modificando la historia según su parecer y su deseo. Verosímil o no, es cuento popular.
          Vayamos a los hechos históricos.

La historia

   ¿Hay alguna prueba de que Deolinda Correa existió realmente? Ninguna. En materia histórica existen algunos escritos de Horacio Videla según el cual, habrían existido dos hermanas de apellido Correa que se casaron con dos hermanos Bustos, emparentados con el gobernador de Córdoba, Juan Bautista Bustos. Una de ellas tendría por nombre Deolinda. Pero el especialista en genealogía Guillermo Collado, revisó los archivos desde 1797 en la Parroquia de La Merced y de La Inmaculada Concepción y su conclusión es que “los datos encontrados tornan inexacta la afirmación de Horacio Videla”[2].
         Últimamente, en reiteradas oportunidades, el historiador sanjuanino Edgardo Mendoza hizo algunas precisiones sobre la cuestión histórica[3]. El texto escrito, o alguno de los elementos que deben existir para cualquier investigación histórica, no existe. “La pieza esencial es aportar la prueba de la existencia”, señala Mendoza. El elemento de la época que avalaría tal existencia es la fe o acta de bautismo, de matrimonio, o bien, la defunción. Pero “se ha buscado y no se ha encontrado”. Para este historiador no es descabellado comenzar un nuevo rastreo buscando de modo más amplio aquella verdad histórica. El territorio en el que habría que buscar no es simplemente el sanjuanino o cuyano, sino también hasta Potosí y Chile, que eran los territorios a los que llegaban y donde se movían los arrieros en el desarrollo del comercio de la época. Posiblemente Deolinda haya nacido en algún lugar entre estos territorios.
    Los únicos documentos encontrados son anotaciones y pedidos de misas por el alma de “la finada Correa” en la Parroquia de Cristo Rey, en Caucete.
         Otros temas para investigar son la existencia del cuerpo de la difunta, del cual no hay rastros; y el paradero del niño, incógnita irresuelta. Si el niño se salvó y fue rescatado ¿dónde está? ¿Qué fue de su existencia? No hay rastro alguno.
         En resumen, si no es historia, es un cuento.

La verdad  

         Tenemos, sin embargo, algunas verdades en torno a la Difunta Correa. Una de ellas es la existencia en el departamento de Caucete de un lugar al que llaman santuario donde peregrinan miles de personas cada año. Existe una “cabalgata de la fe”, que tiene por meta las inmediaciones del lugar y en la que participan desde hace años los gobernadores de la provincia. Es innegable que el lugar congrega durante la Semana Santa a quienes se allegan para rezar y hacer alguna promesa o cumplirla, o dar gracias por algún favor recibido. Yo mismo puedo ver cada año a caminantes que pasan por la ruta a pocos metros de mi casa, dirigiéndose hacia el lugar “santo”.
         Comparable al fenómeno Gauchito Gil, José Dolores o “San la Muerte” al norte del continente, la Difunta Correa es un personaje más de la religiosidad –si puede llamarse así- popular. Se trata de un culto pagano, y por ser tal, que no va conforme a la Revelación que Dios ha dado a los hombres. Se les da el nombre de “santos” a personas que apenas se sabe si existieron, y que supuestamente otorgan algunos favores a los peregrinos. Es como tal, una superstición e idolatría.
         La veneración que practican los “peregrinos”, no es tal sino pura adoración al demonio. Es una falta contra el Primer Mandamiento, “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente”. Y los pecados que se oponen a este mandamiento, entre otros, son la superstición (dar a la criatura el culto debido sólo a Dios, o dar a Dios culto de un modo indebido), y la idolatría (dar a una criatura el culto supremo de adoración, debido sólo a Dios).
         Hay que decir que no se trata de una persona con simple fama de santidad, o alguien que podría llegar a los altares. Para nada. Esto se debe a que ante la falta de pruebas para autenticar la existencia de la persona, tampoco se puede probar algún milagro posible o la práctica de las virtudes heroicas. Entonces estamos frente a la idolatría y eso no es otra cosa que obra del demonio para alejar las almas de la verdadera Fe y de la única Iglesia; para sembrar la confusión y acrecentar la ignorancia.
         Este tipo de idolatrías está expresamente condenada por la Santa Iglesia en el Magisterio y en el Catecismo. Y este caso concreto ha recibido algunas amonestaciones y advertencias oficiales. Tenemos, por ejemplo, un comunicado (“Sobre el culto de los santos y de las almas del purgatorio”), de llamativa actualidad firmado por el Episcopado argentino en 1976[4]. El mismo señala que en nuestros días existen “desviaciones respecto del culto de los santos y de las almas del purgatorio”, y que “la religiosidad popular es desvirtuada por las superstición y un indebido afán de lucro, alentado por un engañoso turismo y sus derivados”. Y prosigue:

         “Hay casos concretos en que, sin que conste históricamente su existencia, y al margen de la autoridad eclesiástica, se rinde culto a determinadas personas. Tal es el caso de la llamada “Difunta Correa”, cuyo culto ilegítimo se ha extendido desde Vallecito, en San Juan, a lo largo y ancho de la República, a través de templetes, ermitas y profusión de estampas e imágenes, con no pocas derivaciones supersticiosas”.

         El documento culmina con tres puntos determinantes en los que se acuerda: 1°) Que a los católicos sólo es lícito honrar con culto público a aquellos que la autoridad de la Iglesia ha inscrito en el elenco de los Santos y Beatos, 2°) Que, por consiguiente, el culto a la llamada Difunta Correa no está dentro de estas condiciones y es ilegítimo y reprobable; y 3°) La Conferencia Episcopal Argentina pide a los verdaderos católicos que se abstengan de practicar dicho culto”.
         En efecto, no nos encontramos frente a una expresión de fe, sino a una verdadera crisis de la misma. Lo que nos lleva a reflexionar sobre aquellas palabras de San Ambrosio y de San Jerónimo, quienes decían que “cuando hay crisis en la grey es porque los ministros del Evangelio se han desvirtuado”. El mismo San Gregorio Magno enseñaba que “hay prelados y pastores poco prudentes que no se atreven a proclamar la Verdad con libertad por miedo a perder la estima de sus fieles, con ello no cuidan de su grey con el interés de un verdadero pastor”.
         En este tiempo no hemos escuchado voces oficiales que deslegitimen una vez más este culto idolátrico. Más aún, mientras escribimos esto de la noche a la mañana, nos anoticiamos de que habrá una conferencia titulada “Religiosidad popular y mensaje de la Difunta Correa”, a cargo del Vicerrector de Formación de la Universidad Católica de Cuyo, Pbro. José Juan García, el miércoles 21 de febrero 20:30 hs, en el Stand de Ciencia y Técnica, del Parque de Mayo. Es decir, durante la precitada Fiesta Nacional del Sol. Evidentemente no sabemos qué se dirá allí y no podemos opinar al respecto. Pero llama la atención aquello del “mensaje” que puede transmitir la Difunta Correa o, como la invitación indica, exponer sobre “su amplia difusión y devoción en Argentina y América Latina”. Sin embargo, como explicábamos más arriba no puede ser esto llamado devoción ni creemos que puede rescatarse algún mensaje de esta manifestación pagana.
         Hace un tiempo, hablando con un sacerdote amigo sobre la Difunta Correa, quien con mayor autoridad y profundidad espiritual y teológica puede dar explicaciones al respecto, ponía en claro lo siguiente: existe en la gente, de mayor o menor ignorancia, de mayor o menor formación y conocimiento, un acercamiento, atracción o admiración por aquellas personas que han sufrido una muerte trágica. Lo cual lleva a dar un paso más: comenzar a tener por aquella persona difunta algo más que admiración, rindiéndole cierto culto o atribuyéndole milagros. En efecto, además del presente caso, o del conocido Gauchito Gil, quien habría sido muerto atado a un árbol y fusilado (o colgado de un algarrobo, cabeza abajo y degollado), podemos recordar fenómenos más actuales como el caso de los músicos Gilda, Rodrigo Bueno, Walter Olmos, etc. A cada uno se les levantó un pequeño santuario al que se acercan las personas a pedirle algún favor o gracia.
         Esta actitud hacia estos casos va acompañada de la falta de formación, de conocimiento o de sentido común, cosa bastante común en nuestros días. Y si a esto se le adiciona la falta de catequesis y celo apostólico por parte de algunos pastores, y la mencionada crisis de Fe, tenemos como resultado lo que venimos describiendo. “Quien no está conmigo está contra mí”, advirtió el mismo Jesucristo. Y sobre ello ha escrito el célebre Chesterton:

         “La gente no vacila en tragarse cualquier opinión no comprobada sobre cualquier cosa... Y esto lleva el nombre de superstición... Es el primer paso con que se tropieza cuando no se cree en Dios: se pierde el sentido común y se dejan de ver las cosas como son en realidad. Cualquier cosa que opine el menos autorizado afirmando que se trata de algo profundo, basta para que se propague indefinidamente como una pesadilla. Un perro resulta entonces una predicción; un gato negro un misterio, un cerdo una cábala, un insecto un símbolo, resucitando con ello el politeísmo del viejo Egipto y de la antigua India... y todo ello por temor a tres palabras: Se hizo Hombre”.

Nuestra Señora de la Leche
         Finalmente debemos tomar conciencia que estos fenómenos no hacen más que alejar a las almas de la Verdad, de la Gracia y los sacramentos, por más buena voluntad que tengan. Debemos, en sentido contrario, predicar el Evangelio en toda su plenitud, advirtiendo sobre las sectas, los horóscopos, las idolatrías, las supersticiones, la cábala, el oscurantismo, las sociedades secretas, la masonería, los maleficios y cuanta herramienta use el demonio para la perdición de las almas. Y, en todo caso, si queremos un ejemplo de mujer y de madre, fijémonos en María Santísima modelo de virtudes, mediadora de todas las gracias, madre de Jesucristo, único y verdadero Dios.
         Debemos decir y proclamar la Verdad y ella nos hará libres. Debemos ser la voz que clama en el desierto, en este desierto carente de Fe, en que nos encontramos inmersos. Anunciar la Verdad que es Cristo, cueste lo que costare. En el decir de San Pablo a los Romanos: si Dios está con nosotros, ¿quién estará contra nosotros?


         Eduardo Peralta.
         (San Juan, 19 de febrero de 2018.)



[2] Cfr. Edmundo J. Delgado, El culto a la Difunta Correa, http://www.diariodecuyo.com.ar/amp/columnasdeopinion/El-culto-a-laDifunta-Vottrs-20180114-0051.html Ver también Horacio Videla, Retablo Sanjuanino, Universidad Católica de Cuyo, San Juan, 1997, p. 175.
[4] Queriendo desprestigiar este documento, se plantea la falacia de carácter ideológica de que esta condena se hizo en tiempos de la Dictadura Militar, por lo que quedaría deslegitimado. Sería un abuso de autoridad y una medida retrógrada y conforme a una mentalidad preconciliar. Cfr. Entre otros, Martín Obregón, Vigilar y castigar: crisis y disciplinamiento en la Iglesia argentina en los años setenta, en Anuario de Estudios Americanos, Vol. 63, N° 1, pp. 131-153, Sevilla, 2006.

jueves, 15 de febrero de 2018

ABORTO, CONTROL DE LA NATALIDAD Y OTROS MALES...




    La Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, por parte de las Naciones Unidas, en cierta manera, actualiza los principios revolucionarios de la Declaración de los derechos del hombre y el ciudadano, de 1789. Pretende salvaguardar los derechos esenciales de los hombres y sin embargo, paradójicamente (o no...), en los siguientes veinte años, van a tomar fuerza movimientos, para despenalizar y legalizar en algunos países, el asesinato del ser humano más indefenso, el niño por nacer.
    La aceptación social del aborto, al decir del pensador español Julián Marías, es lo más grave, sin excepción que ha sucedido en el siglo XX.
    En 1981, su Santidad Juan Pablo II, en la encíclica Familiaris Consortio, manifestaba: “Ha nacido una mentalidad contra la vida, como se ve en muchas cuestiones actuales: piénsese por ejemplo, en un cierto pánico derivado de los estudios de ecólogos y futurólogos sobre demografía, que a veces exageran el peligro que representa el incremento demográfico para la calidad de vida. […] La Iglesia condena, como ofensa grave a la dignidad humana y a la justicia, todas aquellas actividades de los gobiernos o de otras entidades públicas que traten de limitar, de cualquier modo, la libertad de los esposos en la decisión sobre los hijos. Por consiguiente, rechaza con energía cualquier violencia ejercida por tales autoridades en favor de la anticoncepción, de la esterilización y del aborto procurado. Al mismo tiempo, denuncia como gravemente injusto el hecho de que en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para promoción de los pueblos, esté condicionada a programas de anticoncepción, esterilización y aborto procurado”.
    El entonces Papa, conocía muy bien el resurgimiento de una corriente neomaltusiana, que había logrado una importante difusión a través de obras como La explosión demográfica o Bomba P (The Population Bomb), escrita en 1968 por Paul R. Ehrlich y Anne H. Ehrlich.
    No podía desconocer tampoco, el Memorando de Estudio de Seguridad Nacional 200: Implicaciones del Crecimiento de la Población Mundial para la Seguridad de EE.UU. e intereses de ultramar (National Security Study Memorandum 200: Implications of Worldwide Population Growth for U.S. Security and Overseas Interests), NSSM 200, que se completó el 10 de diciembre de 1974, bajo la dirección de Henry Kissinger.
    Para sintetizar, diremos que este informe analizaba el crecimiento de la población en los países menos desarrollados (PMD) y como, este, representaba una preocupación de seguridad nacional de EE.UU. Por lo tanto, recomendaba dar "máxima importancia" a medidas de control poblacional, y a la promoción de la anticoncepción entre 13 países muy poblados, para controlar el rápido crecimiento poblacional, que consideraba perjudicial para los intereses nacionales de EE.UU.
Para muestra… algunos botones:
“Ya sea a través de la acción del gobierno, los conflictos laborales, sabotaje, o disturbios civiles, el flujo continuo de materiales necesarios se verá en peligro. Aunque la presión poblacional no es el único factor involucrado, este tipo de frustraciones son mucho menos probables en condiciones de crecimiento demográfico lento o nulo” [Capítulo III-Minerales y Combustibles].
“Las poblaciones con una alta proporción de crecimiento. Los jóvenes, que se encuentran en proporciones mucho más altas en muchos países menos desarrollados, es probable que sea más volátil, inestable y propenso a los extremos, la alienación y la violencia que una población de mayor edad. "Estos jóvenes pueden ser persuadidos más fácilmente para atacar a instituciones legales del gobierno, o bienes inmuebles del 'establishment', 'imperialistas, corporaciones multinacionales, u otras frecuentes influencias extranjeras culpadas por sus problemas” [Capítulo V, "Implicaciones de las presiones de población para la Seguridad Nacional].
“Hay que tener cuidado de que nuestras actividades no deben dar la impresión a los PMD de ser una política de un país industrializado, dirigida contra los países menos desarrollados. Se debe tener cuidado de que en cualquier acercamiento en este campo, apoyamos los países menos adelantados son los que podemos apoyar en este país. Los líderes del "Tercer Mundo" deben estar a la vanguardia y obtener crédito para programas exitosos. En este contexto, es importante demostrar a los líderes de los PMD que tales programas de planificación familiar han trabajado y puede trabajar dentro de un período razonable de tiempo”. [Capítulo I, las tendencias demográficas mundiales].
    De aquí, es que siguiendo la línea, que nos señala la “agenda internacional” con las distintas Conferencias Poblacionales (El Cairo, Beijing, Estambul) en el año 1997 en Nueva York, se habla de “imposición de medida demográficas para una segura y efectiva salud reproductiva y paternidad responsable”, del “establecimiento de programas para reforzar los roles productivos de la mujer” y de eliminar “estereotipos negativos” que perjudican a la mujer e implantar la perspectiva de género.
    Al finalizar el presente año del Señor, el 2017, tenemos “Ley de Identidad de Género”, “Ley de Salud Reproductiva”, una población escasa y mal distribuida, en un país inmensamente rico de recursos naturales, donde comienzan turbios reclamos territoriales por parte de grupos insurgentes, que desconocen al Estado Nacional y Fuerzas Armadas debilitadas por años de ataques constantes a sus cuadros y su equipamiento.

    Para pensar, no…???
Máximo A. López.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

CASO MALDONADO (por Antonio Caponnetto)

Todo lo que hay que saber para entender lo que sucede

  

  -Si los supuestos o reales indios cortan la ruta, se llama resistencia ancestral. Si los gendarmes restituyen la viabilidad del camino obstaculizado, se llama salvaje represión.
   -Si a uno o varios gendarmes le fracturan los pómulos a pedradas, se llama rebeldía atávica. Si los gendarmes devuelven los cascotazos, es genocidio.
  -Si diez adoquines son arrojados por un mapuche resulta autodefensa. Un guijarro lanzado por un gendarme es discriminación racial y violencia étnica.
   -Si grupos de mapuches incendian iglesias y matan a los que están en ellas,es afirmación de la identidad originaria. Si los gendarmes corren a los agresores para capturarlos es invasión del espacio sagrado.
   -Si los mapuches le gritan asesinos a los gendarmes, amenazándolos con que los van a ir a buscar adónde vayan, es manifestación de telurismo. Si los gendarmes le dan la voz de alto a los depredadores es acoso verbal homicida.
  -Si los mapuches van encapuchados, rompiendo todo a su paso,es costumbrismo añejo y sacro. Si los gendarmes llevan el casco reglamentario,se están ocultando y encubriéndose corporativamente.
  -Si los mapuches atacan en malón, en organizadas guerrillas,viven en la clandestinidad y prometen matar a sus enemigos, es el reclamo sempiterno de las raíces contra los malvados huincas. Si los gendarmes detienen a los guerrilleros, sorprendidos in fraganti, es Terrorismo de Estado.
  -Si los mapuches reclaman millones de hectáreas del territorio patrio, es el derecho originario. Si las fuerzas de seguridad les piden – y ¡por favor!-que dejen de saquear el microcentro, volvió “la dictadura”.
   -Si se ocultan, evanescen,se volatilizan, se esfuman los integrantes de RAM, tras cometer todo tipo de tropelías, es táctica de intransigencia en pos de reclamos milenarios. Si todo el planeta político,jurídico,legal y militar se moviliza para encontrar a un anarquista filomapuche, es un caso evidente de desaparición forzada.
   - Si mueren en cumplimiento de sus misiones contingentes enteros de gendarmes,a nadie se le ocurre pensar que detrás de cada uno de ellos hay una familia que los llora. Si le tocan una rastra a un nómade por propia decisión, Maldonado es mi hermano, mi hijo, mi nieto, mi chozno.
   -Si the Benetton Group, nos roba la Patagonia , es capitalismo salvaje y penetración foránea; y es cierto. Si lo mismo hace The Mapuche Nation con sede en la británica Lodge Street, también lo es. Pero de eso no se habla. Y mucho menos de las explícitas, antiguas y remozadas pretensiones israelitas a nuestra soberanía patagónica. Esto ya es conspiracionismo nacionalista. Que nadie ose traspasar el umbral de lo políticamente correcto.
    -Si el imbécil del rabino Bergman, investido de Ministro Planta y de Funcionario Plasma, les devolvió oficialmente a los mapuches, el 30 de diciembre de 2016, el bastón de mando que en 1938 Perón les había obsequiado, “como reconocimiento de los derechos ancestrales del pueblo mapuche”, según lo glosa, larga y admirativamente la revista kirchnerista Zoom (http://revistazoom.com.ar/el-baston-perdido-de-peron-y-la-…/ ),embanderada ahora con la causa Maldonado, entonces quiere decir que tanto el macrismo como el peronismo no están dispuestos a defender a la patria de la demencia criminal de estas tribus sediciosas, delictivas e insurrectas.Son partes intercambianles del mismo Régimen.
Conviene tomar nota y obrar en consecuencia. Esto no lo arreglan ni lo entienden los brujos de la tribu, sean liberales o marxistas,sino los Defensores de la Argentinidad.

(Antonio Caponnetto)

lunes, 29 de mayo de 2017

DEL LOGOS AL "LOGO": ARTE MODERNO Y ARTE MODERNISTA (por Eduardo Peralta)

Consideraciones en torno al nuevo logo de la Jornada Mundial de la Juventud 2019




“Yo detesto a la gente que habla de lo “bello”.
¿Qué es lo bello? ¡En la pintura hay que hablar de problemas!
Los cuadros no son otra cosa que investigación y experimento.
Nunca pinto una obra de “arte”.
Todos mis cuadros son investigaciones.”[1]

(Pablo Picasso)


El arte y las imágenes modernistas
        
         Cada vez que tratamos de modo crítico un tema relacionado al arte –ya sea música, literatura, teatro, danza, etc.-, nos vemos obligados a advertir que es necesario para una mayor comprensión, un estudio previo y ulterior sobre temas de la Estética Filosófica en general como la relación entre el Arte y Belleza, su relación con la Moral y cuanto de ello se desprenda. Esta ocasión no será muy distinta ya que la fundamentación estética se hace imprescindible y sin ella no es posible abarcar el plano artístico como se merece.
         No podemos decir que lo que nos motivó a escribir este artículo sea algo llamado “arte”, al contrario más bien. Hablamos de la reciente aparición del logotipo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud en Panamá (2019). La “obra”, realizada por una joven de 20 años estudiante de arquitectura, fue seleccionada entre otros 103 propuestas de dibujos. La evaluación estuvo a cargo del Comité Ejecutivo de la JMJ y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y Vida, en Roma.
         Entre este dibujo y el Guernica o la Mujer llorando de Pablo Picasso, sólo hay un siglo de distancia. En cuanto a lo formal y estético puede decirse que son intercambiables el uno con los otros. Hay una diferencia, sí, que probablemente agrava la cuestión. Picasso pintaba aquellas obras desde su concepción atea y revolucionaria, consciente de que la pintura no está hecha para decorar apartamentos, sino que es un instrumento de guerra y de ofensiva contra el enemigo[2]. En 1944 confesará: “yo soy un comunista, y mi pintura es una pintura comunista”. Por eso es que el famoso Guernica, de 1936, fue tomado como emblema de la lucha antifranquista. El nuevo logo del que hablamos, por su parte, tendría como fin la representación de María Santísima en el momento del “fiat”, entre otros simbolismos ininteligibles como el istmo y el canal de Panamá o la “Cruz Peregrina”. El mensaje que se quiso trasmitir a los jóvenes del mundo, según el Arzobispo de Panamá Ulloa Mendieta, es la grandeza de corazón de un país pequeño, que está abierto a todos sin excluir a nadie, de la mano de la Virgen María como “modelo de joven valiente, comprometida y generosa que supo decir sí ante el llamado de Dios”. Los jóvenes, dice Monseñor, “son capaces de transformarlo todo, positivamente, arriesgándose como lo hizo la adolescente María de Nazaret”[3].

 

         Si definimos al arte como la recta ratio factibilium[4], la recta razón de la obra a realizar; si decimos que es una virtud intelectual ligada a la Prudencia; si afirmamos que toda obra de arte debe estar revestida de Belleza y que ésta es el objeto del arte; y si definimos a ésta última con Santo Tomás de Aquino como lo que visto agrada[5]pulchrum est quod visus placet–; entonces, no podemos decir que este como otros tantos garabatos que se han producido, sean artísticos o bellos. Por tanto, al carecer de Belleza, no son más que una manifestación de la fealdad y lo caótico.
         A diario nos invaden estos logotipos e ilustraciones que intentan reflejar un mensaje religioso, cargados de sentimentalismo modernista y de un marcado antropocentrismo inmanentista. Las ilustraciones de las JMJ son un claro ejemplo de ello, dejamos al lector que pase revista en casa. En nuestros días también  se difunden imágenes de Jesucristo, la Virgen María[6] en sus distintas advocaciones y apariciones, y de todo tipo de santos, con características infantiles, “aguadas”, sentimentalizadas[7]. Nada semejante a lo que el mismo Dios ha revelado o al modo en que la misma Virgen Santísima ha querido mostrarse al mundo, por ejemplo, a través de la Tilma de Guadalupe. Nos preguntamos qué sentido tiene rebajar y secularizar la milagrosa obra de arte que es el manto de la Guadalupana, con trazos simples que de ninguna manera eleva nuestro espíritu, ni establece diferencia entre lo sagrado y lo profano.
         Otro claro ejemplo es el mismísimo escudo de la Acción Católica Argentina, que ha dejado de significar y representar su idea y su logos originario. De una Cruz en campo de plata –cruz del estilo Templario, vale decir–, que simbolizaba a Cristo y su cruz en la vida del cristiano militante que es pura como el metal, se ha pasado a unas líneas cruzadas a mano alzada casi por accidente, en un campo indefinido, ya que los límites del antiguo escudo se borraron. Todo el simbolismo heráldico del emblema ha sido tristemente ultrajado. Pero todo ello era de esperar si los límites de la sana doctrina ya habían sido violentados para dar paso a un modernismo que nada tiene que ver con el sentido de la Iglesia militante.
         Ejemplos para ilustrar lo que decimos sobreabundan. Pero regresemos a nuestra reflexión artística teniendo en cuenta que la autora del logo en cuestión, Ambar Calvo, confiesa que desde los 12 años siente una “afinidad por el arte como medio de expresión”, y su intención para el dibujo propuesto fue “la ternura y la entrega de María en su mejor escena: el Hágase”. Pues bien, a nadie se le ocurre pensar en el “sí” de María y en la Encarnación del Verbo al observar dicho dibujo. Pero el alma se exalta y no deja de sorprenderse y extasiarse, por ejemplo, ante una imagen como La Anunciación de Fra Angélico.
         No es un capricho intelectualista –como creen algunos– traer a la mesa del debate una definición de belleza, como hicimos más arriba. Diremos todavía más. El Aquinate completa su explicación señalando tres características de la belleza: integridad (forma un todo), consonancia o debida proporción, y claridad o esplendor[8]. Y en su De Regimini Principis, Santo Tomás agrega que:
         “el bien proviene de una causa perfecta, en cualquier cosa en que lo encontremos, en la cual se unifican todas aquellas perfecciones que pueden ayudar al bien; en cambio lo malo procede de cualquier defecto singular. Pues no se da la hermosura en un cuerpo, si no están bien dispuestos todos los miembros, en cambio se ve feo cuando un solo miembro está fuera de lugar. Así, pues, lo feo puede provenir de una u otra causa; en cambio lo bello, de la unión de todas las causas para formar una perfecta”[9].
         En otras palabras lo resumía San Agustín, diciendo que no hay nada ordenado que no sea bello: como dice el Apóstol, todo orden viene de Dios[10]. En contraste, no es posible ya hablar de belleza al tropezar con ilustraciones que no hacen más que acentuar la desproporción, la desmesura y el desorden.
         Más cercano a nuestros días, el Papa Benedicto XVI reflexionaba sobre el arte en el parágrafo 41 de su Exhortación Apostólica Sacramentum Caritatis. El principio de la Belleza es válido para todo el arte –señalaba– sobre todo en el arte sacro: especialmente la pintura y la escultura, en los que la iconografía religiosa se ha de orientar a la mistagogía sacramental. Si bien un logotipo no ingresaría en lo que se llama arte sacro, es importante recordar esta finalidad que advierte el Pontífice.
         Tristemente se ha hecho caso omiso de todo cuanto venimos detallando. Se ha dejado de lado la invitación que el mismo Papa San Juan Pablo II diera a los artistas en 1999. La Iglesia, reconocía el Pontífice, “necesita” de quienes abarquen el plano “figurativo, sirviéndose de las infinitas posibilidades de las imágenes y de sus connotaciones simbólicas”, ya que “Cristo mismo ha utilizado abundantemente las imágenes en su predicación, en plena coherencia con la decisión de ser Él mismo, en la Encarnación, icono del Dios invisible”[11]. Asistimos al rechazo –o, al menos, a la culpable ignorancia– de cuanto se ha enseñado sobre la Vía Pulchritudinis, la vía de la Belleza, como camino para el encuentro con Dios desde la contemplación de las creaturas y las obras bellas producidas por el Hombre, o como expresara Leopoldo Marechal, el ascenso y descenso del alma por la Belleza. Existe inclusive un extenso documento del Pontificio Consejo para la Cultura, publicado en 2006, llamado “La Via Pulchritudinis, camino de evangelización y de diálogo”. Por el contrario, dejando todo esto de lado, en nombre de la Evangelización se premia y publica la expresión de la fealdad, aún cuando el Concilio Vaticano II -en el que se amparan los promotores de estos abusos- dejó expresado la “gran importancia” del arte en la vida de los hombres (Gaudium et Spes, 62), y que lo más perfecto del arte, el arte sacro, es capaz a través de lo bello, de “reflejar de algún modo la infinita belleza de Dios y de dirigir el pensamiento de los hombres hacia Él” (Sacrosanctum Concilium, 122).

Lo que realmente representa esta imagen

         Pero, ¿cuál es el trasfondo estético que caracteriza al dibujo en cuestión? ¿De qué tipo de “arte” hablamos?
         No estamos haciendo una simple “humorada” al establecer una comparación con el gran revolucionario del arte pictórico Pablo Picasso. En efecto, el Cubismo fundado por él fue un rechazo por todo lo figurativo, una evasión de lo concreto en pos de la pura idea. De ahí que se hable de arte abstracto o conceptual.
         El Romanticismo ya había echado sus raíces y el impresionismo no tenía más que decirle al mundo con su naturalismo positivista[12]. Por consiguiente el movimiento expresionista, desde Alemania hacia el mundo, inauguró el siglo XX con una reacción al impresionismo; manifestándose como una constante deformación de la realidad al intentar expresar de forma más subjetiva –subjetivista– al ser humano. La primacía la tenía la manifestación de los sentimientos, como consecuencia de la realidad histórica del período de entreguerras. La libertad individual entendida como libertinaje en aquellos tiempos ya dominaba la vanguardia artística. Paralelamente estaban esparcidas por el mundo las teorías del Psicoanálisis, cobrando cada vez más adeptos. Este fue el escenario en el que Pablo Picasso avanzaría todavía “más allá” en la degradación estética. La reducción de la forma a lo geométrico, y de la perspectiva a un relativismo subjetivo que daba lugar a un completo caos visual, fueron los pilares de esta escuela pictórica.
         Resultan de interés las palabras de Alberto Boixadós cuando, al comentar las obras del pintor español, señala que “llevaban el sello del genio diabólico, atacando esta vez la obra maestra de la Creación misma”. “Sé bien que Picasso, consultado, se disculparía diciendo que en estas obras había sido guiado por otro sentimiento distinto al de la búsqueda de la belleza”[13].
         José Ortega y Gasset no se privó de hacer un descargo sobre este movimiento pseudoartístico. Entre otras producciones, lo llevó a cabo en unos párrafos muy elocuentes de su opúsculo Sobre el punto de vista en las artes[14]. Allí define el cubismo como una mezcolanza, un turbio jirón, un equívoco. Picasso “aniquila la forma cerrada del objeto… sin otra misión que servir de cifra simbólica a ideas”. En la impresión –dice Ortega– se ha llegado al mínimo de objetividad exterior. En efecto, como decíamos más arriba, se rechaza lo real y concreto o incluso lo que percibe el sentido de la vista. Pero no sólo eso, sino que se establecía un “salto” detrás de la retina que “invertía por completo la pintura y su función y, en vez de meternos en lo que está fuera, se esforzaba por volcar sobre el lienzo lo que está dentro: los objetos ideales inventados”.
         Esta carencia de belleza, transmutó al surrealismo, dadaísmo y otras vertientes como el fauvismo, futurismo, informalismo, constructivismo, llegando varios años después al denominado pop-art y sus derivados (schoker-pop, porno-art, epidermial-art, arte psicodélico, etc.); luego vendría el minimalismo, el arte pobre, y un largo etcétera. No hay límites ni barreras estéticas o morales para el antojo del artista que se encuentra frente al lienzo, si es que todavía se utiliza este arcaico material. De tal modo se llega, como señala Rodolfo Papa, a “un «concepto» de belleza construido por algunos teóricos sin nexo alguno con la realidad y con la visión”[15].
         Lo verdaderamente importante de toda esta cuestión, es que hay un fundamento metafísico que se rompe y destruye con este tipo de producciones. Ni más ni menos que la destrucción de uno de los puentes que comunican la realidad, la materia y la forma. Por eso cuando se habla de “deformidad”, no se reduce el término a la figura externa, sino a la forma, al Ser mismo de la obra de arte. Si la forma no vive sino en la materia, al separarlos en un intento de expresión, se termina por aniquilar –en la representación- la realidad tal y como existe en la naturaleza.
         En la estética de Hegel, se reduce lo formal a lo que llamamos figura, es decir, a lo exterior. Este pensador idealista valora la obra de arte como expresión o manifestación del “espíritu”, y por ello, al oponer dialécticamente lo material y lo formal, necesariamente se llega a la conclusión según la cual el arte debe morir (al menos el arte conocido hasta entonces por Hegel). Consecuencia de ello es que distingamos entre obras figurativas en las que hay un soporte de la forma, que es algo sensible, el “objeto”, identificable en el mundo de las cosas; y las no figurativas, en las cuales prevalece la composición inventada por el artista.
         Estas consideraciones, que tomamos de un enjundioso artículo del Profesor Dennis Cardozo Biritos[16], permiten comprender las causas más profundas del deterioro artístico. En dichas páginas se analiza, entre otras consecuencias del arte moderno, la destrucción de la figura y del rostro humano por parte del expresionismo, transformándolos “en algo monstruoso en beneficio de una pretendida expresión que no lo es de lo propiamente humano, sino de una concepción trágica y pesimista de la vida”[17]. De este modo el cubismo terminó por “reducir el rostro humano a un diagrama”, por lo que la pretensión de eliminar el tiempo para mostrar simultáneamente todas las partes del objeto, “transforma al hombre en un monstruo”[18]. Por eso es inexacto comparar una pintura cubista o abstracta, con el garabato de un niño de tres años de edad: el pequeño carece de motricidad fina, pero el pintor cubista carece de sentido estético.
         El arte conceptual no-figurativo, en el que tranquilamente podríamos situar la ilustración de la JMJ, se caracteriza por cuatro atributos principales, según refiere el precitado Cardozo Biritos[19]: 1°) Desaparición del objeto, no hay una realidad estética, formal, sino sólo “señales”. Véase cómo ni siquiera existe una corona para la Virgen en el logotipo, sino cinco pequeños círculos que sugieren una posible corona además de los cinco continentes. 2°) Logicismo, en el que se utiliza un meta-lenguaje, que abstrae y va “más allá”, al plano del concepto. En nuestro caso, lo que la autora tiene en  mente, su propia conceptualización ajena al plano de lo real. 3°) Racionalismo: se intenta dar una explicación racional de la creación artística. De hecho si no se nos da una explicación que justifique el intento de representar el Istmo de Panamá con su respectivo canal, jamás nos hubiésemos enterado de tal significado. Lo mismo cabe para un supuesto corazón, la corona y la mismísima Virgen María. 4°) Activismo, porque se acentúa la actividad del espectador transfiriéndole el proceso productivo, “proceso productivo de recepción”, en la cual la “obra” es sólo una señal desencadenante. En el dibujo de la JMJ, no queda más que el trabajo interpretativo de quien lo observa para encontrar un significado posible. No se trata de la actividad contemplativa, fruto de la observación de la obra bella. Probablemente lo mejor que pueda provocar en el observador sea la duda: “¿qué es esto?”.

El “logo” y el “logos”

         El término logo nos brinda un gran aporte para lo que intentamos exponer. Su origen es griego (λόγος), y su significado no es otro que "palabra", "verbo", y a partir de allí se extiende a "concepto", "idea", "discurso", "imagen", etc. En la filosofía griega, con sus distintos matices, el Logos tiene un sentido muy particular. Para Heráclito, por ejemplo, el logos es la razón universal que domina el mundo y que hace posible un orden, una justicia y un destino. Los estoicos admitieron el Logos como principio viviente e inagotable de la Naturaleza. Para Platón, el vocablo representaría también un intermediario inteligible en la formación del mundo. Sin embargo, la filosofía y la teología cristiana, redefinirá el Logos como el mismo Dios. "En el principio era el Verbo", el Logos, "y el Verbo era Dios", señala el principio del Evangelio según San Juan, y “se hizo carne”.
         Atendiendo a las consideraciones lingüísticas, podemos agregar además que, así como el lenguaje remite una realidad, que existe en sí, del mismo modo una imagen es reflejo de una realidad. La imagen, como la palabra, remite al ser de las cosas. Y ésto de modo especial cuando tiene noción de signo, es decir, de aquello que expresa una realidad distinta de sí, pero remitiendo y llevándonos a ella. De este modo el dibujo de una cruz manifiesta algo distinto a los dos trazos dibujados, pero nos remite y nos lleva hacia la Cruz de Cristo, por ejemplo.
         El ejemplo de la cruz nos ayudará todavía más a nuestra comprensión. Romano Guardini, en su célebre obra Los Signos Sagrados, comienza hablando sobre la importancia de la señal de la cruz, el santiguarse, haciendo hincapié en la importancia de realizarlo correctamente. En nuestro caso podríamos hablar de trazar la cruz –en el papel, en el lienzo– de modo correcto. Esto se debe a que “es signo de totalidad y signo de redención. En la Cruz nos redimió el Señor a todos, y por la Cruz santifica hasta la última fibra del ser humano”. “Signo más sagrado que este no hay”, dice Guardini[20]. Páginas más adelante realiza una advertencia respecto del acto de ver y de la imagen, precisamente hablando de los signos:

“…hemos de ir reconquistando lo que tiempo ha poseíamos, para que vuelva a ser realmente nuestro. Un ver exacto, un oír exacto y un obrar exacto es el supremo arte de aprender a ver y de llegar a saber. En tanto no lo conseguimos, todo permanece para nosotros mudo y oscuro; pero una vez logrado, las cosas se manifiestan como son; demuestran su interior, y de ahí, de su esencia, va adquiriendo forma lo que de fuera aparece. Y comprobarás que precisamente las cosas más a la vista, las acciones cotidianas, encierran los secretos más profundos. En lo más simple se esconde el misterio más sublime.”[21]
         No es casual que estemos explicando el vocablo logos, al tiempo que esbozamos una crítica hacia un dibujo que se hace llamar también logo. Hay un correcto modo de ver, como también hay un correcto modo de representar y significar algo. Destruir, atacar y ultrajar la palabra es atentar al ser mismo de las cosas. Asimismo, rechazar la imagen que verdaderamente representa la realidad, no haciendo otra cosa que difundiendo lo diametralmente opuesto, no es otra cosa que dar el mismo golpe artero hacia las esencias de las cosas. Cobran sentido las palabras de Ortega y Gasset, cuando afirmaba que “lejos de ir el pintor más o menos torpemente hacia la realidad, se ve que ha ido contra ella. Se ha propuesto denodadamente deformarla, romper su estado humano, deshumanizarla”[22].
         Esta es la profunda explicación que subyace a aquella escena en la que al ver estos dibujos, como el logotipo de la JMJ, nos veamos obligados –porque la misma realidad se nos impone–, a preguntarnos: ¿qué quiere decir esto?, ¿qué significa? Pues no, no significa nada. Nada que no sea fealdad y caos[23].

Falsedad y esterilidad del «arte» moderno

         Se entenderá lo que decimos si se escucha al mismo Picasso cuando afirmaba que no hay más diferencia en el arte que el de éste con la naturaleza. En definitiva, las reglas y los límites son de la naturaleza, lo demás es arte. La única diferencia entre las distintas formas de arte, según él, es su grado de convicción. Por eso añade:
         “Desde el punto de vista del arte, no hay formas concretas o abstractas, sino sólo formas que constituyen mentiras más o menos convincentes. No cabe duda de que estas mentiras son necesarias para nuestro ser espiritual, pues con ellas damos forma a nuestra imagen estética del mundo”
         Y más adelante añade:
         “Todos sabemos que el arte no es verdad. El arte es una ficción que nos permite reconocer la verdad, al menos la verdad que se deja comprender por nosotros. El artista debe conocer sus caminos y sus medios para convencer a otros de la verdad de su ficción[24].
         La corriente moderna en el arte tuvo una aplicación totalitaria y radical, de manera tal que en nuestros días lo legítimo consistiría en “pintar mal”. Lo contrario, “pintar bien”, parece estar prohibido. Todo cuanto refiera orden y armonía, proporción y simetría, es anticuado y fascista. En el ámbito eclesial imbuido de modernismo teológico, todo lo que tenga un matiz de caótico y desproporcionado tiene un lugar de privilegio, desde lo arquitectónico y pictórico hasta lo más íntimo de la Liturgia reformada o “deformada”.
         Tristemente estas manifestaciones estéticas pseudo-religiosas, son un reflejo del mundo que nos rodea y se encuentran en un callejón sin salida, carentes de frutos buenos. “Signo de nuestro tiempo –explicaba el Padre Leonardo Castellani–, el arte caótico y degenerado no hace más que expresar en sus extravíos a la época atea convulsa, y en justo castigo, es herido de esterilidad”[25].
         ¿Qué podría esperarse entonces de un simple y pequeño logo de una jornada de jóvenes del mundo? Por lo pronto, no podemos pedirle proporción, ni belleza, ni orden, ni esplendor de las formas o de la verdad. Sabemos que los trascendentales, Verdad, Bondad y Belleza son convertibles entre sí. Se expresan mutuamente. Así lo ha enseñado siempre la filosofía aristotélico-tomista. Inclusive, en el parágrafo tercero de la carta que citábamos anteriormente del Papa Juan Pablo II a los artistas, se hace clarísima alusión a ello. Decía el Papa: “La relación entre lo bueno y bello suscita sugestivas reflexiones. La belleza es en un cierto sentido la expresión visible del bien, así como el bien es la condición metafísica de la belleza”.
         Podemos concluir entonces, sin eufemismos ni exageraciones, que nuestro logotipo no es nada bueno ni verdadero por no ser nada bello. Lejos está de la Verdad, pero muy cerca lo está del engaño y de la mentira de la que hablaba Pablo Picasso. Lejos está de ser epifanía del Verbo Eterno, del Logos Creador, de la Verdad Eterna y la Belleza increada.
                                                                                                                            
Eduardo Peralta.
San Juan, mayo de 2017.



Sección de imágenes para el posible lector que no comprendió el artículo...





[1] Cfr. Liberman, A, Picasso, en Vague, 1° de noviembre de 1956.
[2] Nota publicada en Buenos Aires, en el Nº 96 de “Nuestra Palabra” –órgano de prensa del Partido Comunista– del 21 de mayo de 1975. Citado por Gustavo A. Ferrari, El arte y la expresión sensible, en  CURSOS DE CULTURA CATÓLICA, El Hombre, ¿Un problema? ¿Un absurdo? ¿Un misterio?, Vol. VIII, UCA, 1990, p. 143.
[4] Aristóteles, Ética a Nicómaco, VI, c. 4.
[5] Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 5, a. 4 ad I. El término “visto” no hace referencia tan sólo al sentido externo de la vista –o al oído en caso de lo musical–, sino también a lo que es visto con la inteligencia.
[6] Nótese cómo no sólo la imagen, sino también las palabras rebajan la figura y dignidad de la Madre de Dios. Se habla por ejemplo de la “adolescente María de Nazareth”, o de aquella “joven valiente”, etc. Pero aquella adolescente no era la simple María de Nazareth, como existe también una adolescente Juana de Haití; se trata nada menos que de la Madre de Dios, por lo que es Santísima, Purísima e Inmaculada, la más santa y la más pura. Es de lamentar también que el mismo Santo Padre haya utilizado el término “joven Mujer de Nazareth”, y también “María es poco más que una adolescente”, en un mensaje reciente sobre la Jornada Mundial de la Juventud. En dicho texto se nombra a “María” 27 veces, y sólo 6 aparece el término “Virgen”; solamente tres veces se dice “Virgen María”. Al mismo tiempo, “María” se la relaciona dos veces con “joven” y una con “adolescente”. Por otra parte, no aparecen los términos “Santísima” o “Santa” para referirse a la Virgen María. El término “madre”, no aparece precediendo a “Dios”, sino una vez, como “joven madre”. Cfr. Mensaje para la XXXII Jornada Mundial de la Juventud, 21 de marzo de 2017, puede verse en: https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/03/21/mesn.html .
[7] Es de advertir que denunciamos el “sentimentalismo” y no una posible y legítima dirección de la obra artística a mover a la piedad a través del sentimiento. Es una dimensión del Hombre que no se puede dejar de lado, pero es erróneo acentuarlo y exacerbarlo en desmedro y anulación de los demás.
[8] Ídem, I, q. 39, a. 8.
[9] De regimine principis, I, 3. El texto en negrita es nuestro.
[10] San Agustín, De Vera Religione, cap. XLI.
[11] Juan Pablo II, Carta a los Artistas, del 4 de abril de 1999, n° 12.
[12] Ortega y Gasset nota que el subjetivismo se fue “haciendo más radical, y hacia 1880, mientras los impresionistas fijaban en los lienzos puras sensaciones, los filósofos del extremo positivismo reducían la realidad universal a sensaciones puras”. Cfr. Ortega y Gasset, Sobre el punto de vista en las artes, Revista de occidente, febrero de 1924, pp. 98-99.
[13] Cfr. Alberto Boixadós, Arte y Subversión, 4ª edición, SIBI, Miami, 1982, p. 29. Cabe advertir aquí, que una de las palabras presuntamente dichas por Picasso citadas por Boixadós (pp. 22-23), no es auténtica ni fidedigna. El autor toma una entrevista publicada en la revista L’Association Populaire des Amis des Musées (Le Musée Vivant, n° 17-18, de 1963), pero estas declaraciones de Picasso fueron publicadas por primera vez por Giovanni Papini, en su famoso libro de entrevistas imaginarias llamado El Libro Negro, que vio la luz por primera vez en 1951. Son palabras que no pueden ser tomadas como verdaderas, por verosímiles que nos parezcan.
[14] Cfr. Sobre el punto de vista en las artes, op. cit., pp. 96 y 97.
[15] Rodolfo Papa, La “belleza” que no es, en su columna semanal sobre arte en el sitio www.zenit.org, martes 1º de febrero de 2011.
[16] Dennis Cardozo, Biritos, La contaminación del arte por lo disforme, en AA. VV., La Contaminación Ambiental, OIKOS, Buenos Aires, 1979, pp. 231-249.
[17] Cfr. Ídem, p. 240.
[18] Ídem, p. 241.
[19] Ídem, p. 248.
[20] Romano Guardini, Los Signos Sagrados, 2da edición, Editorial Litúrgica Española, Barcelona, 1965, p. 13.
[21] Ídem, p. 43.
[22] Ortega y Gasset, La deshumanización del arte, Porrúa, México, 2007, p. 19.
[23] Hay quienes se atreven a ver en el Logo en cuestión un posible significado “oculto”, cuya protagonista no sería la Virgen María, sino que ésta observaría como una serpiente intenta devorar la cruz y, en ella, al cristianismo. Aunque creemos que no es necesario llegar a “tanto” para interpretar negativamente este dibujo. Cfr. http://comovaradealmendro.es/2017/05/posible-significado-oculto-del-logo-la-proxima-jmj-panama/
[24] Cfr. Herbert Read, Filosofía del Arte Moderno, Ediciones Peuser, Buenos Aires, 1960, pp. 169 y 170. Subrayado nuestro.
[25] Leonardo Castellani, El Arte de las Parábolas, apéndice de Doce Parábolas Cimarronas, Itinerarium, Bs. As., 1960.