"Si alguien escandaliza a uno de estos pequeños que
creen en mí,sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de
moler y lo hundieran en el fondo del mar"._
(Mateo 18, 6)
En el transcurso
de la semana pasada se hizo público a través de la cuenta de Twitter del Senado
de la Nación, un mensaje que dejó pasmados a muchos por lo que deliberadamente
allí se decía respecto de la conducta de los pedófilos. El mensaje era claro: “Hay pedófilos que tienen conciencia moral y
buenos frenos, y saben que llevar adelante su deseo genera un daño en otros,
los abusadores son quienes carecen de esos frenos”.
Estas palabras no
fueron proferidas por cualquiera, sino por ni más ni menos que el coordinador
de psiquiatría en el Centro Privado de Psicoterapias de Buenos Aires, Sergio
Grosman. Lo curioso, es que el planteo tiene un trasfondo moral. Es decir, se
habla explícitamente de que hay depravados que tienen conciencia moral y
“buenos frenos”. Dicho de otro modo, el deseo sexual hacia los niños es algo
que está bien cuando se lo reprime y no se lleva al acto.
Lo curioso de
esto es que no es nada nuevo. No se trata de un error de tipeo, una frase
sacada de contexto o que arbitrariamente forzamos las citas y le hacemos decir
lo que en realidad no dice. Para nada.
Unas cuantas
décadas atrás, la pensadora Sulamith Firestone apoyando la relación pedófila se
atreve a poner dos límites para la misma: el límite del consentimiento del niño
y el límite biológico. La estrategia es clara, pone a la par la capacidad
emocional, volitiva, sexual del niño al del adulto. En nuestro caso se equipara
la conducta sexual del pedófilo, con el deseo sexual natural o antinatural,
pero que en este caso involucraría la relación adulto e infante.
En Holanda se
argumentó algo similar cuando los sexólogos Erik Van Beek y Rik van Lunsen,
sugirieron que sea el Estado el que controle, produzca y distribuya contenido
erótico a pederastas, porque si se produce contenido sexual “virtual” bajo el
control del gobierno, “se podrá ofrecer
a los pederastas una forma de regular sus pulsiones sexuales”. En otras
palabras, los pedófilos no son malos, hagamos políticas para que controlen sus
buenos deseos.
No es la primera
ni la última vez que se llevan a cabo estas estrategias para que el mundo
comience a ver con buenos ojos lo que realmente es perverso. Es curioso que
existan redes de pedófilos que pretenden normalizar y blanquear su status ante
la sociedad, e incluso con nombres sugerentes como “Pedófilos virtuosos” (Virtuous Pedophiles). Ellos dicen “fantasear sexualmente con niños” y
garantizan no tener sexo con ellos, dado que “se esfuerzan” por no materializar
el acto y limitar el deseo solo a un “erotismo mental”. Han llegado a dictar “talleres
de reflexión” para mantener el “autocontrol”, o dicho en palabras del propio
Grosman, para mantener los “buenos frenos”.
Creemos que nada
sucede por azar y que el famoso post el Senado fue maliciosa y detenidamente
planeado, evaluado, medido, pesado en sus consecuencias y publicado con
absoluta deliberación. ¿Por qué? Se preguntarán algunos…
Existe la famosa
teoría política denominada “ventana de Overton”, mediante la cual se puede
llegar a legitimar y hacer tenidos por buenos los vicios más calamitosos
pasando por distintos pasos: de lo impensable
a lo radical; de lo radical a lo aceptable, de lo aceptable a
lo sensato, de lo sensato a lo popular, de lo popular a
lo político. Una de las estrategias
consiste en probar, mediante lo que es inaceptable a la sociedad, cuál es el
punto máximo de tolerancia de la masa que se quiere dirigir y, a partir de
allí, avanzar en grado de perversión mientras la sociedad se acostumbra a los
nuevos paradigmas.
Posiblemente
desde nuestro Congreso se haya abierto una ventana, para medirnos y a través de
la cual introducir ya no la educación sexual, la contranatura o la ideología de
género, sino también la pedofilia. A nosotros nos resta, con nuestra lucha
inagotable y sin fin, al resguardo del Dios de los ejércitos, cerrar la ventana
a la perversión.
Eduardo Peralta.
17 de julio, 2019.
Editorial del 17 de julio, 2019. 5° edición de “La Batalla del Amor”, por FM 87.9 Mz – Radio Madre de Dios – http://www.radiomadrededios.com.ar/envivo/ – Facebook: La Batalla del Amor y Ola Celeste San Juan Argentina – Instagram: @batalladelamor @olacelestesanjuan @olacelestejoven – Teléfono: 254 – 5093650
“La
independencia no puede ser el bien supremo y absoluto de la nación, ni su
primer bien. La independencia puede, sin duda, ser una condición decisiva de su
más hermoso desarrollo. (…) La independencia puede, incluso, ser una condición
indispensable para que sobreviva la nación. Pero no es ni puede ser la razón
suprema y decisiva de la existencia profunda y del bien real de la nación. Esto
es evidente para quienes creen en la existencia de un orden natural de las
cosas.”
(Jean
Ousset)
“Libertad, libertad, libertad…” Numerosas
veces escuchamos frases o discursos que traslucen la miopía histórica y
hermenéutica de la gran mayoría de quienes creen saber lo que sucedió en
tiempos de la Independencia y lo que significó realmente. Es por ello que
abunda al respecto la confusión o el error. No vamos a detenernos para analizar
esos pormenores. Permítasenos, mientras tanto, poner en relieve algunas
palabras poco conocidas o, quizás, omitidas por designio voluntario, del
General San Martín; a quien cabe el mote de “Libertador”.
En abril de 1816
afirma: "¿Hasta cuándo esperamos
nuestra independencia?”. Y tan solo una semana después de la declaración de
la Independencia en Tucumán el General le expresa a Godoy Cruz, quien fuera
entonces diputado por Mendoza ante el Congreso: “Ha dado el Congreso el golpe magistral, con la declaración de la
Independencia. Sólo hubiera deseado, que al mismo tiempo hubiera hecho una
pequeña exposición de los justos motivos que tenemos los americanos para tal
proceder”. Quizás ello hubiese atenuado al menos la confusión histórica.
Pero más que la
confusión o desviación en materia histórica nos duele también la desdicha moral
que asola sobre la Patria, debemos reiterarlo. Quizás puedan servir de auxilio
las palabras del mismo San Martín, quien en una misiva del 1° de febrero de
1834 a su amigo Tomás Guido, sostiene palabras conmovedoras e incisivas. Allí
se denuncia la “liberalidad” de los principios y las calamidades producidas. “¿Qué
importa que se repita hasta la saciedad que vivo en un País de Libertad, si por
el contrario se me oprime?”. Es imposible no leer la epístola sin
dimensionar lo que sucedía por entonces, pero también lo que sucede en nuestros
tiempos.
“¡Libertad!
Désela V. a un niño de dos años para que se entretenga por vía de diversión con
un estuche de navajas de afeitar, y V. me contará los resultados”. Es
un vicio de la sociedad actual el prodigarle derechos que no tiene y concederles
perniciosos pasatiempos a nuestros niños. Todo en nombre de la mentada
libertad. Libertad para elegir, para no ponerles límites en la educación
familiar ni en las horas escolares. No sólo se les da la navaja a los niños,
sino que se los intenta apuñalar por sus espaldas con ideologías malsanas.
“¡Libertad!,
para que un hombre de honor se vea atacado por una prensa licenciosa, sin que
halle leyes que lo protejan y, si existen, se hagan ilusorias”. Sabemos que el hombre justo, la
persona honesta, tarde o temprano terminará sintiendo el peso del yugo de una
prensa vendida y comprada por el enemigo; siendo víctima de leyes inicuas y
contradictorias.
“¡Libertad!,
para que se me dedico a cualquier género de industria, venga una revolución que
me destruya el trabajo de muchos años y la esperanza de dejar un bocado de pan
a mis hijos”. Generaciones pasan con sus enormes sacrificios cotidianos
y la revolución de las costumbres, de los principios éticos, del orden social,
socava nuevamente, una y otra vez, el Bien Común de la Nación.
“¡Libertad!,
para que se me cargue de contribuciones a fin de pagar los inmensos gastos
originados porque a cuatro ambiciosos se les antoja por vía de especulación
hacer una revolución y quedar impunes. ¡Libertad!, para que sacrifique mis hijos
en disensiones y guerras civiles”. Víctimas de una economía que premia
al injusto y condena al trabajador. Esclavos económicos fluctuantes del
liberalismo o del marxismo, vemos el constante accionar del Poder Internacional
del Dinero.
“¡Libertad!, para verme expatriado sin forma
de juicio y tal vez por una mera divergencia de opinión. ¡Libertad!, para que
el dolo y la mala fe encuentren una completa impunidad, como lo comprueba lo
general de las quiebras fraudulentas acaecidas en ésa”. A nadie se le ocultan
las “quiebras fraudulentas” de nuestros días, ni mucho menos la mala fe
impunemente deambulando por los rincones de los ministerios nacionales, entre
tantos lugares. Ser expatriado en la actualidad puede ser también ser víctimas
del “despatriamiento”, de la negación de la Patria tal cual fue fundada.
Significa ver oculto el brillo fe los fulgores primeros, detrás de los dogmas
liberales ponderados en los manuales de historia.
“Maldita
sea tal libertad, no será el hijo de mi madre el que vaya a gozar de los beneficios
que ella proporciona”. Nuestros hijos deben ser protegidos de los que
amparados bajo la bandera de los derechos y de la libertad, promueven el más
extremo libertinaje. Los “beneficios” de la libertad mal entendida no son otra
cosa que el vandalismo y atropello hacia los principios éticos y de la moral
cristiana. Son la negación del Decálogo, la amputación del Orden Natural.
Finalmente nos
queda meditar en el final de la carta que venimos mencionando. Dice San Martín
que estos males permanecerán “hasta que sea establecido un Gobierno que
los demagogos llaman TIRANO, y me proteja contra los bienes que me brinda la
actual libertad”. Y dice luego que “el hombre que esetablezca el orden en
nuestra Patria: sean cuales sean los medios que para ello emplee, es él solo
que merecerá el noble título de libertador”. Nótese que se utiliza el
término “llaman”, no “llamarán”. Esto es así dado que el mandato al que se
refería el General no era otro que el de Juan Manuel de Rosas, quien luego
reafirmaría su mandato a partir de 1835. No es una novedad que el Brigadier
General fuese tildado de “tirano”, entre otras cosas. Sin embargo es preciso
recordar que el “Restaurador de las Leyes” fue quien restituyó los bienes a la
Iglesia, pero sobre todo, quien afianzó el orden de las costumbres y de la
moral basadas en la buena Fe y en una Santa Causa. El reconocimiento por su
desempeño en la defensa de la Soberanía también le valió que San Martín le otorgase
el sable que lo acompañó en toda la campaña libertadora. Después de su derrota
vendrían nuevamente a nuestro suelo los hermetismos cipayos de las logias y de
los “organizadores nacionales”.
Es aquél hombre a
quien todos llaman tirano quien afirmaba que “la filosofía política y moral se
extraviaría confusamente sin la luz inefable de la Fe y el fervor de la caridad
cristiana”[1].
Es quien advertía que “hay que estar vacunado contra la enfermedad
política que se llama Revolución, cuyo término es siempre la descomposición del
cuerpo social”[2]. Es, por
último, quien repulsa a “los que profesan ideas falsas, subversivas
de la moral o del orden público”[3], porque
se preguntaba: “¿Es que se quiere acaso vivir en la clase de la licenciosa tiranía que
llaman libertad, invocando derechos primordiales del hombre, sin hacer caso del
derecho de la sociedad a no ser ofendida?”[4].
¡Cuánta
actualidad tienen estas palabras!
Sigamos pensando
la Patria, sigamos obrando en su favor para que no sea diezmada por el
libertinaje y el liberalismo corruptor.
Eduardo Peralta.
9 de julio de 2019.
Mensaje especial del martes 9 de julio de julio de 2019.
"La Batalla del Amor”, Ola Celeste San Juan – FM 87.9 Radio Madre de Dios).
Programación: martes, 21 hs. Repetición: sábados 12 hs.
En vivo:
http://www.radiomadrededios.com.ar/envivo/Facebook: La Batalla del Amor – Ola Celeste San Juan Argentina.
Instagram: @olacelestesanjuan
Teléfono: 264 – 5093650
[1]
Carta a Guillermo Brent, del 11 de febrero de 1846. [2]
Carta a Josefa Gómez del 5 de agosto de 1868. [3]
Carta a Josefa Gómez del 12 de mayo de 1872.
[4]
Carta a Josefa Gómez del 17 de diciembre de 1865.