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domingo, 26 de mayo de 2019

CONOCIENDO A J.R.R. TOLKIEN

            
         Pronto se estrenará en Argentina la película de J.R.R. Tolkien.
     Personalmente tengo mucha expectativa e interés por verla. Esperaría que tenga fidelidad sobre la historia de vida del autor del Señor de los Anillos. Algunos ya tienen el pálpito de que podrían no mostrar un aspecto clave de su vida: su fe católica, la influencia de su piadosa madre y de su tutor, el       Padre Francis Morgan. Sea cierto este pálpito o no, igualmente me quiero anticipar a sugerir dos obras que ayudan a entender la vida Tolkien:
Por un lado, el compendio de "Cartas escogidas de J.R.R. Tolkien" que elaboró Humphrey Carpenter. De esta primera sugerencia diré que es muy interesante leer sus correspondencias y es un reflejo fiel de los pensamientos y sentimientos de este genio de la literatura. En esta compilación antológica, se puede encontrar la carta 213,  del  25 de octubre de 1958, donde el  mismo autor de El Hobbit se describe y define a sí mismo:

    “(...) Y hay unos pocos hechos fundamentales que, por secamente que se expresen, son en verdad significativos. Por ejemplo, nací en 1892 y viví mis primeros años en «la Comarca» en una era premecánica. O, lo que es todavía más importante, soy cristiano (lo que puede deducirse de mis historias), y católico apostólico romano por añadidura. El último «hecho» quizá no pueda deducirse; aunque un crítico (por carta) aseveró que las invocaciones a Elbereth y el personaje de Galadriel, tal como está descrito directamente (o a través de las palabras de Gimli y Sam), estaban claramente relacionados con la devoción católica por María. Otro vio en el pan del camino (lembas) = viático y la referencia a que nutría la voluntad (Vol. III, pág. 281) y a que es más potente cuando se está en ayunas, un derivado de la Eucaristía. (Esto es: cosas mucho más grandes pueden dar color a una mente cuando trata los detalles menores de un cuento de hadas.)
     Soy, de hecho, un Hobbit (salvo en tamaño). Me gustan los jardines, los árboles y las granjas no mecanizadas; fumo en pipa y me agrada la buena comida sencilla (sin refrigerar), pero detesto la cocina francesa; me gustan los chalecos ornamentales en estos tiempos opacados, y hasta me atrevo a llevarlos. Me satisfacen las setas (recogidas en el campo); tengo un sentido del humor muy simple (que aun los críticos que me aprecian encuentran fatigoso); me acuesto tarde y me levanto tarde (cuando me es posible). No viajo mucho. Me encanta Gales (lo que queda de él cuando las minas y, aún peor, los recreos balnearios han hecho su obra), y especialmente la lengua galesa. Pero, de hecho, no he estado en G. por largo tiempo (sólo para cruzarlo camino de Irlanda). Voy con frecuencia a Irlanda (Eire: Irlanda del Sur), pues me agrada y me gusta (la mayoría de) su gente; pero la lengua irlandesa me resulta del todo desagradable. Espero que esto baste.”

    Por otro,  recomiedo el libro "Leyendo a Tolkien" del ilustre  Doctor en letras Jorge Norberto Ferro, católico y argentino, por cierto.  Libro al cual humildemente reconozco no haber leído más que una parte, pero el haber estado en algunas conferencias del profesor Jorge Ferro, me basta para sugerir con total confianza su lectura. Fíjese. El Dr. Ferro nos da más detalles sobre este genio de la literatura del que venimos hablando:

“(...) Frente a la observación de que no hay religiosidad en el ciclo del anillo, el autor [Tolkien] reacciona vivamente, al igual que ante el aserto de que en su obra no hay lugar para la mujer. No puede decirse tal cosa recordando la imagen de la dama Galadriel, que es central en la novela; o el amor de Aragorn y Arwen, o la compleja personalidad de la doncella Eowyn. Lo que no encontraremos será «sexo explícito», pues Tolkien, aunque esté bastante fuera de moda decirlo, era un hombre casto. Y para el hombre casto la mujer es un gran misterio, como lo era para Chesterton. Ambos, por otra parte, fueron grandes enamorados de sus propias mujeres. Y ambos tuvieron que sufrir cierto grado de maledicencia por ello.”

     Tanto “Las cartas escogidas” como “Leyendo a Tolkien” son fáciles de conseguir. En internet se encuentran los archivos en formato digital, ¡y gratis!
     Por último, debo decir que el motivo de esta sugerencia nace por un interés personal por conocer más al autor que a su obra. En otras palabras, la atracción ha sido más por la vida de Tolkien que por El Hobbit y toda la saga del Señor de los anillos. He querido atender a la grandeza de su alma antes que a su obra grandiosa. Y esto ha sido así debido a que un profesor de literatura me supo decir: "No se entiende El Señor de los anillos sin saber de Tolkien".


C.F.M.
14 de mayo, 2019.


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